Soy hija de madre soltera. Desde que tengo uso de razón mi madre ha sido mi única persona de referencia, de hecho, cuando empecé a entender y a preguntar por qué yo no tenía papá y mis amigos sí, ella me dijo que así era mejor, que estábamos las dos juntitas solas la una para la otra.
He sido toda mi vida súper feliz y lo cierto es que no he echado en falta padre alguno y mi madre ha sido siempre, y sigue siendo, todo lo que necesito.
Ya cuando crecí, sí es verdad que tuve algunas conversaciones con mi madre sobre mi padre biológico, y ella me contó que se trataba de un novio que tuvo, que la dejó embarazada con 17 años y que, como eran muy jóvenes, su familia no quiso que se hiciera cargo de mí, por lo que mi madre decidió tenerme sola con la ayuda de sus padres (mis abuelos).
Yo trabajo en unos famosos grandes almacenes y por obligación corporativa, tengo que llevar una chapita con mi nombre de pila y mi primer apellido.
El otro día, estaba organizando unas estanterías cuando vi a un hombre que me observaba. Me miraba tan descaradamente, que aún estando centrada en mis quehaceres, me di cuenta. Lo miré y le sonreí.
El hombre no se movió del sitio y llegó un momento en el que le dije que si necesitaba algo, a lo que él respondió que si yo me llamaba como ponía en la chapa.

Le dije que sí, que por supuesto, y me dijo que él era un viejo amigo de mi madre y que yo tenía sus ojos, que no había podido evitar pararse a mirarme porque desde que me había visto le había recordado a ella y que tras leer en la chapa mi nombre, ya no le habían quedado dudas.
Yo sencillamente le respondí en tono amable y le dije que me dijese su nombre cuando él me pidió que le diese a mi madre recuerdos de su parte. Me dijo su nombre y su primer apellido, me dio dos besos, me cogió ambas manos y mirándome a los ojos me dijo que le había encantado conocerme.
Os parecerá mentira, pero yo vivo tan ajena a que en realidad tengo un padre biológico, que no se me pasó por la cabeza siquiera pensar que podría ser él. De hecho, hablé varias veces con mi madre después de aquel momento sin acordarme de ese encuentro.
A los cuantos días se me vino a la cabeza y le dije que (nombre y apellidos) me había dado recuerdos para ella. Se quedó blanca. Le pregunté qué pasaba y me dijo que se trataba de mi padre. Me confesó que se lo encontró por la calle cuando yo tenía 15 años y que le preguntó por mí, pero que le dijo que no le consentiría que irrumpiera en nuestras vidas después de tantos años cuando tuvo la oportunidad en su momento y no quiso saber nada de mí. Que no iba a permitir que me descentrase o me hiciese daño.
Así que resulta que conocí a mi padre. Hablé con él, me dio dos besos y me tomó las manos, y yo siquiera sabía que era él.
Ese misterioso hombre era esa persona que había imaginado tantas veces de niña.
Alguien casi imaginario que por fin tenía una cara y un cuerpo que poder guardar en mi recuerdo.