Mi infancia fue un poco dura. En mi casa no había buen ambiente y el cole era un puto infierno. Mis compañeros se lo pasaban genial poniéndome motes, pegándome, tirándome del pelo y escupiéndome. Ya sabéis, lo normal cuando eres gorda, empollona y al final borde y estúpida como mecanismo de defensa.

Yo solo quería encerrarme en mi habitación porque era el único sitio donde me sentía segura. No me acuerdo de lo que comí ayer pero sí recuerdo los nombres y apellidos de todos los angelitos que querían librar al mundo de la gorda.

Voy al grano. Soy pastelera en una cafetería y a veces salgo a apoyar fuera cuando me necesitan. Es una calle llena de oficinas y de vez en cuando veía pasar a uno de los angelitos. Las caras no se me olvidan. Y podría decir su nombre, pero voy a ser una señora 🤣.

Un día una clienta encargó un pastel para su pareja, que justamente cumplía los mismos años que yo. Nos pusimos a hablar, qué casualidad, del mismo pueblo, misma edad… un ratito agradable. Hasta que me dijo el nombre para la dedicatoria y el estómago se me subió a la garganta. ¡Era él! Por eso pasaba por esa calle: su pareja trabajaba allí.

Hice el pastel, la clienta quedó encantada y no, no hice ninguna marranada. Total, él no sabía que yo era la pastelera, así que no habría tenido golpe de efecto, y sinceramente tampoco me parecía ético.

Peeero… la misma clienta vino otro día con su pareja a encargar un pastel para su hijo. El hijo de él. Su descendencia. Lo más bonito que tenía. Y yo justo ese día NO estaba 😭😭.

Hice el pastel (que me quedó genial, esto me lo digo yo para mantener la autoestima 🤣). Organicé mi trabajo para estar presente en la recogida. Se acercaba la hora y yo temblando, encendida, recordándolo todo, con ganas de hacer barbaridades al pastel… pero no podía.

Llegó el momento. Vi entrar a la pareja. Salí del obrador. Ella me saludó tan simpática. Pero la cara de él… su caraaaaaaaa. Cómo se puso blanco, cómo se quedó sin palabras, cómo miraba el pastel que su pareja elogiaba mientras me daba las gracias… diosssss.

El subidón no era porque soy una pastelera fantástica, es que él se iba a comer un pastel hecho por mí pensando que yo lo había llenado de mocos, babas o yo qué sé qué como venganza jajajaja.

No hice nada, la venganza fue solo mental, pero ese subidón no me lo quita nadie.

Después de muchos años, el karma actuó 😀😀😀😀.

MOCS