Esta historia es ya bastante vieja, pues yo era adolescente cuando ocurrió. La había borrado de mi memoria, pero hace poco un conflicto en mi calle me la recordó y quiero compartirla con vosotras.

Yo tenía 16 años. Mis padres habían ido a pasar el día con mis tíos y yo, como buena adolescente, había pasado de ir con ellos. Quería quedarme en casa a mi bola y por la tarde bajar al parque a pasear con mi amiga. Ya sabéis, a comer pipas sentadas en el respaldo de un banco mientras pensábamos en lo dura que era la vida… Cosas de la adolescencia.

En aquel momento, aunque hoy parezca impensable, yo no tenía móvil. No sé si recordáis aquella época en la que llamar de fijo a móvil era casi un pecado, así que solamente podía llamar a mis padres en caso de que fuera imprescindible.

El caso es que pasé mi mañana vagueando por casa escuchando música y a mi rollo, pero poco antes de bajase al parque a ver a mi amiga, escuché un ruido muy fuerte en el portal. Me asomé a la ventana a ver qué pasaba y vi a una pareja gritando.

Ella se tambaleaba para todos lados y él no hacía más que decirle que si no sabía aguantarlo para qué se metía tanto. Yo, inocente de mí, no entendía bien de qué hablaban. Ella, muy enfadada, le gritaba a él cosas ininteligibles e intentaba pegarle, pero nunca acertaba.

Después de mucho rato gritando, se habían sentado en mi portal y se habían quedado dormidos. Yo decidí esperar un poco más, porque no parecían estar muy bien y tenía miedo de que, al pedirles que me dejasen pasar, se pusieran violentos.

Media hora más tarde escuché gritos de nuevo. Como las llamadas a la casa de mi amiga si eran baratas, la llamé para que no me esperase y para contarle lo que estaba pasando. Un hombre en condiciones similares había aparecido y se había puesto a pegar puñetazos a las farolas, al portal… A cosas que hicieran ruido, pero no le hicieran daño. Decía que era el novio de la chica y que le iba a partir la cara a aquel tío por estar con ella.

Allí se pusieron a forcejear torpemente, la mujer se metía en medio y gritaba “¡Pégame a mí! No le pegues, pégame a mi”. Y éste, obediente, le dio un bofetón que la tiró al suelo. Cuando el chico que estaba con ella la quiso vengar, el que le había pegado empezó a gritar que él no le había pegado… En fin, todo un delirio de violencia y balbuceos con poco sentido.

Era pleno agosto, no había casi nadie en el barrio. Con aquella temperatura el que no estaba en la playa estaba de viaje, así que no había ningún adulto que supiera qué hacer.

Mi único apoyo, mi amiga al otro lado de la línea que, ella estando también sola en su casa, me iba preguntando cómo iba, si podría bajar e irme a su casa.

Recuerdo con añoranza todas las películas mentales que nos habíamos montado. Todo un operativo para escapar de mi casa sin que me parasen. Cómo yo, en un momento de subidón de hormonas, empecé a alucinar con que, si llegaban mis padres les pudieran hacer algo… ¡Qué inocentes éramos y qué mal lo pasábamos con cualquier cosa!

El caso es que al final la chica se enfadó más todavía y, llamándoles maricones y no sé cuantas cosas más, se fue gritando de allí. Al parecer los hombres habían hecho las paces y ella no estaba de acuerdo con que no siguiesen peleando por ella.

El chico que había llegado más tarde dijo que hacía demasiado calor y el sol empezaba a ponerse justo enfrente así que le enseñó a su nuevo amigo “su especialidad”. Con un alambre y una tarjeta abrió la puerta de mi portal y entraron a la escalera que daba a mi casa.

Yo era la única persona en el edificio y el miedo se apoderó de todo mi cuerpo. Sé que hoy en día lo tendría clarísimo y hubiese llamado a la policía, pero en aquella época y con la edad que tenía ni se me pasó por la cabeza.

Aterrada, pasé la cadena de la puerta intentando hacer el menor ruido posible y le dije a mi amiga que le debía colgar para poder sentarme contra la puerta, por si intentaban entrar.

Yo no sé qué creía exactamente que iban a hacer, solo sabía que lo estaba pasando cada vez peor. Solamente dejé mi puesto de vigilancia cuando unos alaridos de guerra se escucharon al fondo de la calle. Un grupo de hombres no muy jóvenes capitaneados por la chica de antes bajaba hacia mi portal con cadenas, bates y botellas.

El terror absoluto me hizo saltarme mi norma de fingir que no estaba en casa y pasé la llave a la puerta, cerré la persiana y llamé a mi amiga de nuevo.

Ya era de noche. Llevaba desde las 2 del mediodía sin comer nada, no me había atrevido a hacer ruido en las últimas horas por miedo a aquellos hombres y ahora sentía miedo porque les fueran a hacer algo.

El más mayor gritaba “¡¿Quién le pegó a mi hermana?!” y un revuelo de gritos y golpes se escuchaba con eco desde el portal y con más eco por la ventana.

Los padres de mi amiga ya estaban en casa, así que cuando escucharon a mi amiga pregunta alterada si aun estaba sola, le quitaron el teléfono y preguntaron qué pasaba. Cuando se lo conté, me colgaron.

Uno o dos minutos después, cuando ya la violencia se había hecho incontrolable y los gritos y golpes eran ensordecedores, a lo lejos se escuchó la sirena de por lo menos tres coches de policía. A la vez, mi teléfono sonó de nuevo. Era la madre de mi amiga, había llamado a la policía. Además, al volver a su casa habían visto a mis padres con mis tíos cenando en un restaurante que conocían y habían llamado para avisarlos de lo que estaba pasando.

Por supuesto la bronca por no haberlos llamado desde el principio me la comí, pero entendí la frustración de mis padres al darse cuenta de que, mientras ellos pasaban un rato agradable, yo había pasado tanto miedo. El portal estaba destrozado. Había cristales de botellas, de la puerta que habían roto, había sangre, habían reventado la cerradura del portal y la del cuarto de contadores…

Ese día supe que una adolescente también puede llamar a la policía, pues estaba convencida de que no me harían caso.

Los 90… Qué década tan mala para tanta gente…

 

 

Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.

Si tienes una historia interesante y quieres que Luna Purple te la ponga bonita, mándala a [email protected] o a [email protected]