Yo me imagino que no debo ser la única que, cuando se aproximan estas fechas, empieza con los sudores fríos pensando en cómo lo vamos a superar sin morir en el intento este año.

Os comparto mi encrucijada porque estoy segura de que muchas de vosotras tendréis situaciones similares y seguro que me podéis contar cómo lo hacéis para solucionarlo desde la paz y la armonía que requieren estas fechas.

Resulta que, por un lado, está mi padre (al que yo adoro), que tiene ya 82 años y vive solo (a 5 minutos de mi casa y nos vemos todos los días) porque mi madre, desafortunadamente, hace unos años que tiene un Alzheimer muy avanzado y tuvimos que ingresarla en una residencia (también a 5 minutos de nuestras casas y la visitamos todos los días), porque en casa ya no podíamos darle todos los cuidados que necesitaba ni garantizar su bienestar.

Por mi lado, no tenemos más familia: solo somos nosotros tres.

Por el otro lado, el de mi marido, está su familia, que es enorme. Son un montón de tíos, primos, hermanos, etc. Cuando se juntan solo los de primer grado ya son 40 personas, ¡imaginaos!

El día de Navidad, cada año, vamos a comer a casa de sus padres con mi padre en petit comité porque solo están los padres de mi marido, su abuela y su hermano, así que es una reunión familiar pequeñita y estamos todos conformes.

El problema lo tenemos en Fin de Año.

Resulta que, tradicionalmente, desde siempre, en la familia de mi marido el fin de año lo han celebrado todos juntos en casa de la abuela. Como son ciento y la madre, es una reunión súper alegre, bulliciosa y festiva y, la verdad, yo, que siempre he pasado estas fechas solo con mis padres por no tener familia, lo vivo como algo súper bonito. Me hace ilusión celebrar con la casa llena, la alegría, el ruido, los tíos, primos, la yaya… Supongo que al no haberlo vivido en mi infancia me hace ilusión vivirlo ahora.

Además, afortunadamente, son una familia muy bien avenida: se llevan todos muy bien, son muy unidos, viven cerca unos de otros y son, parafraseando a Fermín Trujillo, una piña.

Y aquí viene el dilema.

A mi padre se le hace muy cuesta arriba ir a celebrar el fin de año con ellos porque se siente desbordado y sobrepasado por la cantidad de estímulos, personas y jaleo que se produce al ser tantos. Él dice que ya tiene una edad, que ya no tiene ganas de tanto follón y que prefiere quedarse solo en casa.

Yo creo que, en gran parte, lo que le sucede es que se le hace muy cuesta arriba sobrellevar estas fechas sin mi madre y por eso se aísla.

Como, por su estado, no podemos sacarla de la residencia, siempre vamos a verla un ratito los días señalados y le llevamos polvorones, turrones, regalitos y de todo; tratamos de que nos sienta cerca, aunque no sepa quiénes somos. Eso ayuda a mi padre, pero, a la vez, no deja de sentirse mal por no poder llevarla a casa de mis suegros como hacíamos antes. Está anclado ahí y yo no sé cómo ayudarlo.

Por otra parte, está mi suegra, a la que le hace una ilusión tremenda reunir a toda la familia la noche de fin de año en casa de la abuela, siguiendo la tradición y, claro, si falta su hijo mayor (mi marido), se angustia. Nos llama y nos dice que es una pena no poder tener a toda la familia reunida en fechas tan señaladas, que a ella eso le pone muy triste.

Mi marido y yo intentamos complacer y comprender a todo el mundo, pero se nos hace imposible porque mi padre dice que ya nos juntamos para comer en Navidad en casa de mi marido, que lo celebramos juntos, pero que Fin de Año se le hace muy cuesta arriba y no quiere ir.

A mí se me parte el alma de pensar en mi padre solito en casa tomando las uvas, y no soy capaz de dejarlo.
Mi marido —que es un santo bendito— intenta razonar con su madre y decirle que, como vamos en Navidad, por favor, nos comprenda si nos quedamos en Fin de Año con mi padre para que no esté solo, pero no hay manera.

Total, que al final nos quedamos mi marido y yo en una encrucijada que cada año nos cuesta más de resolver y nos está llevando a pasar el Fin de Año separados para tratar de solucionarlo: yo cenando sola con mi padre, y él en la fiesta en casa de su abuela.

Nos apena tener que separarnos, pero no encontramos mejor solución. Los entendemos a todos, pero cada año nos angustia más.

¿Soy la única que tiene estas situaciones en Navidad?
¿Cómo lo hacéis los demás?

Al final, en vez de disfrutar las fiestas siento que las sufrimos y las vivimos con la sensación de estar fallando a nuestros seres queridos… y es una mierda.