Hay duelos que la sociedad reconoce: la muerte de un familiar, una divorcio, la pérdida de un trabajo… Son dolores que el entorno entiende, acompaña y se espera que atravieses. Nadie cuestiona tus lágrimas cuando has perdido a tu abuelo o cuando te estás separando del padre de tus hijos después de años juntos.

Pero existen otros duelos que pasan desapercibidos, que no tienen palabras de consuelo, porque nadie sabe que están ocurriendo. Son procesos emocionales que se viven en silencio porque, desde fuera, parece que no hay nada que lamentar. Y, sin embargo, duelen. A veces incluso más que la muerte de un familiar con el que no tenías tanto trato, o que ya habías asumido que se iba a ir.

Sufrir un aborto de pocas semanas, cuando aún nadie sabía que estabas embarazada; que te den un diagnóstico médico que no esperabas; perder a tu mascota, muchas veces lo sufres en silencio porque mucha gente no entiende el dolor que produce esa pérdida; o asumir que no volverás a ser madre.

 

Este último es mi caso: tengo dos hijos y he decidido que no quiero más. Es una decisión tomada desde la razón, desde la organización familiar y desde la economía. Porque la vida se ha puesto cara y difícil. Porque ya me cuesta mucho superar el día a día con mis dos fieras, no me imagino como sería tener tres. Porque donde comíamos antes tres, no comemos ahora cuatro… Pero que sea una decisión consciente y muy meditada no significa que no duela.

Tengo dos chicos y me hubiera encantado tener una hija. Y asumir que nunca sabré lo que es ser madre de una niña, es doloroso.

Cuando me quedé embarazada de mi segundo hijo quería niña. Tenía el nombre pensado y ninguna opción por si era chico. Cuando me dijeron que era un niño me lo tomé regular. Al final lo asumes, porque lo único que deseas es que tu hijo venga sano. Te consuelas pensando en que tienes otro hijo, que jugarán mucho juntos porque son dos chicos, que el pequeño va a heredar ropa y juguetes, que ser boy mom también tiene sus ventajas… Pero siempre te faltará la niña.

Y también os confieso: elegir nombre para mi segundo hijo fue lo más difícil que he hecho nunca. Porque ya tenía un hijo mayor al que le puse el nombre que siempre había querido para mi hijo. Pero jamás creía que me tocaría buscar un segundo nombre de chico.

A veces, cuando vas con tus críos por la calle, alguien se para a hablar con nosotros: una vecina, tu tía del pueblo, la amiga de la amiga… y te suelta: “Ahora tenéis que ir a por la niña”.

 

Y tú te ríes, por no mandarla a la mierda, y le dices que has cerrado la fábrica, que ni loca tienes más, o lo que se te ocurra en ese instante. Pero por dentro lloras por esa hija que te falta. Por esa maternidad que no experimentarás jamás. Por ese luto sin cadáver.

Que quede claro que yo adoro a mis hijos. Son los mejor que me ha pasado en la vida. Pero cuando mi marido y yo decidimos que no tendríamos más hijos, tuve que pasar un duelo silencioso y asumir que nunca más volvería a estar embarazada, que nunca más volvería a tener a un bebé tan pequeño entre mis brazos.

Y es un duelo muy común que hemos experimentado muchas madres. Las que han tenido sólo un hijo y soñaban con ser familia numerosa, o las que no han podido ser madre, por las circunstancias que sean. Es duro, es una pérdida que hay que gestionar y superar si no quieres volverte loca.

Es aceptar que hay muchas cosas que ya han pasado por última vez sin que supieras que eran la última vez. La última ecografía. El último olor a bebé. El último body diminuto doblado con cuidado. Ahora, cuando a mi hijo se le va quedando pequeña la ropa, la empaqueto con lágrimas en los ojos sin saber qué hacer con ella. Si regalarla, donarla o tirarla a la basura.

Nadie te prepara para despedirte de algo que ni siquiera sabías que estabas despidiendo.

La maternidad no solo consiste en traer hijos al mundo. También consiste en aprender a despedirse de etapas. Y decidir no tener más hijos es, quizás, una de las despedidas más silenciosas, más íntimas y más sinceras que puede vivir una madre.

Y si tú también estás viviendo un duelo como este, que sepas que no estás sola.