Hace ya un tiempo que me siento bastante desconectada de mi entorno.  No tengo mucho tiempo para atender a mis amistades con quedadas, visitas, merendolas… Como mucho puedo dedicar un par de audios en modo podcast de vez en cuando, una visita de médico un día que las agendas de los niños me lo permiten y poco más.

Ante esto hay quien lo entiende y está en una situación similar y manda su protocolario podcast cuando puede, y hay quien se aleja porque no le parece bien no ser prioridad.

El caso es que hago lo que puedo y realmente cuando más tiempo para dedicarme es de noche, desde que se acuestan los niños y no es la hora a la que la gente suele poder hablar.

Yo dedico un ratito todos lo días a hacer una manualidad que me relaja muchísimo. Es algo que me ha ayudado mucho cuando el estrés y las comeduras de olla me abrumaban. Poco a poco se fue quedando como mi hobby de referencia. Enganché a mi marido, a mi madre… Pero además, conocí por redes sociales a mogollón de gente.

Nunca creí mucho en eso de los ciberamigos, no me parecí algo real, supongo que por prejuicio. Pero entonces me di cuenta de que a las horas a las que yo pongo mi manualidad sobre la mesa, lo hacen muchas otras personas como yo. En circunstancias similares o no, pero ahí están.

Me volví una loca de la artesanía con relación a esta manualidad y conocí a varias artesanas que me volvían loca. ¡Al fin! Un vicio sano que solamente aporta cosas positivas a mi vida. Chicas: ahí si es.

Podemos decir que encontré un poquito mi lugar. Y poco a poco comencé a abrirme con algunas personas. Hubo dos chicas que desde el principio me pareció que podrían haber sido esas amigas del instituto. Esa amiga a la que gastas bromas sin más, sin comerte la cabeza, a la que le cuentas cualquier cosa sin pensar y recibes apoyo.

Sabía que entre ellas se llevaban genial, pero mi impostora me hacía pensar que yo era menos… He recibido tanta basura social últimamente que no me fio de nada ni de nadie y siempre me parece que si estoy a gusto algo malo va a pasar.

Pero una vez más decidí seguir adelante. Tuve una enorme crisis de ansiedad que me puso realmente mal. Fantasmas del pasado, problemas del presente e incertidumbres del futuro se me agruparon en el pecho y… Cuando me sentí un poco mejor, creé ese grupo de Whatsapp. Creí que sería mala idea, que solamente era bueno para mí  que para ellas sería otro grupo más que silenciar…

Pero entonces una dijo “Ya estaba faltando este grupo”. Yo respiré hondo y me sentí bien por primera vez en semanas.

Cada día están ahí. No piden explicaciones si no estás, no dan explicaciones si no están, pero cuando estamos, estamos de verdad. Tanto para las chorradas como para las cosas importantes. No podremos abrazarnos y nuestros hijos no jugarán juntos, pero ahora mismo siento como sus manos han salido de nuestro chat, han agarrado fuerte toda la ansiedad que parecí ahogarme y me la han arrancado de cuajo.

¡Qué importante es la validación! ¡Qué bonito sentirse acompañada! ¡Qué maravilla que se preocupen por ti de una manera genuina y desinteresada!

Desde este espacio, chicas, mis pardillas, habéis recargado la batería de mi vida.

Luna Purple.