No sé muy bien cómo hemos llegado a esto, pero creo que ya no hay marcha atrás, nos costó muchísimo dar el paso, pero hemos flipando en tantos colores que no sé yo si ahora sabremos o querremos vivir sin esto, sinceramente.

Tengo (o más bien tenía) una relación con mi marido al uso, llevamos quince años casados, tuvimos ahí un bache hace como diez años, pero nada que se salga de lo normal. Siempre hemos sido de relación cerrada, muy atrevidos en el sexo, pero siempre entre nosotros. Comentamos abiertamente si alguien nos llama la atención y no sé, todo bastante normal a mi parecer.

El caso es que desde hace un tiempo mi cuñada nos ha hecho replantearnos un poco la vida, ella y su marido llevan una vida bastante distinta a la nuestra, desde que son novios. No tienen una relación abierta, tienen una relación inclusiva. No sé yo si voy a saber muy bien explicar lo que quiere decir, pero si ellos te lo explican la verdad es que lo entiendes enseguida, luego ya que lo defiendas o lo critiques es otra vaina, pero el concepto se entiende.

Ellos no pueden follar con otras personas sin que el otro esté delante, pero sí pueden meter a personas dentro de su relación siempre que ambos estén de acuerdo. Ellos van en el coche, mi cuñado va conduciendo y perfectamente mi cuñada puede ir detrás comiéndole la poronga al amigo de turno, mientras el otro mira por el retrovisor.

Ese episodio la verdad es que es uno de los más lights que tienen, pero fue lo primero que me contaron y la verdad es que se me quedó como muy grabado, porque yo de imaginarme a mi marido mirando por el retrovisor cómo alguien me hacía dedos me escandalizaba tanto como cachonda me ponía, le verdad.

Pero claro, nosotros somos muy ‘chapados’ a la antigua y aunque hubiéramos comentado desde hace muchos meses que nos llamaba la atención ese mundo, siempre nos hemos mantenido al margen, supongo que más por miedos y prejuicios que por otra cosa.

El caso es que desde el día que nos contaron el tipo de vida que ellos llevan pues nosotros como que nos enganchamos un poco a escucharles hablar del tema, cuando nos quedábamos los cuatro solos pues sacábamos con disimulo el tema, no sé si de manera inconsciente o consciente, pero el caso es que de una forma u otra siempre íbamos a lo mismo y joder, qué cachondos nos ponía.

Mis cuñados lo notaban y siempre nos decían que no perdíamos nada por probar, por intentarlo, que ellos veían que éramos un matrimonio lo suficientemente fuerte como para dar el paso y que si, efectivamente no nos gustaba, pues que podíamos dar marcha atrás, hablar las cosas y decidir no repetir nunca más. Y creo que eso era justo lo que más nos preocupaba, el saber asumirlo, porque llegó un punto en el que ambos estábamos deseando probarlo.

Bien pues no ha sido hasta ahora, después de siete meses rondando la idea de todas las formas posibles por nuestra cabeza que lo hemos probado. Lo hicimos por primera vez la semana pasada y madre mía del amor hermoso. Todo fue porque por el amigo invisible que hacemos a nivel familiar mi cuñado me regaló un vale que decía que nos regalaba una noche en un SPA.

En la tarjeta todo parecía normal, hasta que lo googleamos y vimos que en realidad era un SPA con servicios especiales. Creo que nunca jamás en mi vida voy a olvidar esa noche, de verdad que no.

En este sitio todo el mundo va desnudo y tú puedes en todo momento decidir qué quieres y qué no quieres hacer, asumo que les costaría una pasta porque la gente que había allí de verdad que tenía una pinta súper decente, pero vamos, es que tampoco sé qué pinta me esperaba que tuvieran la verdad. Había personas desde 20 hasta 50 años, había sexo por todas partes, en cada ‘habitación’ había una situación distinta.

Había habitaciones solo para mujeres, otra solo para hombres, otra para todo el mundo, otras para intercambios de pareja, otras para ver cómo otros follaban pero en la que nadie te podía tocar y no sé, un sin fin de cosas que no sé ya ni cómo escribir.

Asumo que a nosotros se nos vería super perdidos y la chica de recepción nos ayudó bastante, nos explicó cómo funcionaba el centro, dónde estaban los juguetes sexuales, los preservativos, los aceites y un largo etc. Cada una de esas cosas se pagaba como suplemento, nos dijo que en nuestro pack había un masaje incluido, que teníamos que decidir si queríamos que nos los diera un hombre o una mujer, si queríamos que estuvieran vestidos o desnudos y que si queríamos ‘final feliz’.

Los dos pedimos a una mujer, aún no sé muy bien por qué lo hice yo, pero en el momento lo vi clarísimo, ambas desnudas y los dos dijimos que el final feliz ya iríamos viendo sobre la marcha. Las chicas eran espectaculares, tenían unas manos que madre del amor hermoso, la situación de verlas a las dos bañadas en aceite mientras nos masturbaban a los dos y nosotros nos mirábamos… Mira no sé, indescriptible.

El caso es que después del masaje nos metimos a una habitación en la que tenías que proponer qué querías hacer a las personas que estaban allí y si todas las personas implicadas decían ‘sí’ de forma explícita entonces podías proceder. Pues allí nos metimos los dos, sin saber muy bien qué no esperaba y bueno… A mí me esperaba el mejor polvo de mi vida y fue mientras mi marido solamente miraba.

Había allí como nueve personas, tres estaban juntas: dos chicas y un chico; luego había cuatro: dos chicos y dos chicas; luego había dos hombres masturbándose mientras miraban. Nosotros estábamos muertos de vergüenza y de curiosidad, no sabíamos muy bien qué hacer, ni siquiera sabíamos si teníamos que preguntar si podíamos mirar o algo, pero bueno, tampoco tardó uno de los hombres que estaba pajeándose en venir a hablarnos.

Nos preguntó que si éramos nuevos y dijimos que sí, entonces me preguntó que si podía follarme duro mientras mi marido solamente podía mirar, yo no sabía muy bien que responder así que lo miré a él. De verdad chicas, nunca en mi vida he visto tanta lujuria en sus ojos. Me puso a doscientos por hora en cuestión de segundos.

El hombre me agarró del culo, me subió en peso y me tiró a una especie de sofá redondo que había, mientras mi marido se sentaba en un sillón que había justo enfrente. Me abrió de piernas y empezó a comerme el coño de una forma súper salvaje, con ansia con ganas, con desesperación, con vicio. Yo abrí los ojos y me vi a mí reflejada en un espejo, con un desconocido metiendo la cabeza entre mis piernas y con mi marido tocándose mientras lo miraba todo. Uf, es que me estoy mojando solo de escribirlo.

 

El chico fue a por un condón, los cuales estaban en las entradas a todas las habitaciones, me puso a cuatro patas y empezó a taladrarme de una manera que yo no sé, qué embestidas, qué fuerza, qué fuerte me corrí, Es que aún no sé las veces que me corrí aquel día, de verdad que no. Yo lo único que podía hacer era mirar a mi marido y llegar al orgasmo mientras sus ojos me penetraban más hondo que la polla del otro.

Mi marido se corrió, cuando él terminó de forma automática el chico que estaba conmigo se retiro, nos dio un abrazo de forma super natural y nos dijo que había sido un placer ser el primero, que esperaba que nos hubiera gustado y que le encantaría repetir algún día, que dejaría su tarjeta en recepción y que la queríamos coger que bastaba con preguntar por ella.

El caso es que durante esta semana hemos follado más que cuando éramos novios, estamos cachondísimos todo el día y deseando repetir algo parecido, pero a la vez nos sigue dando miedo, no sabemos si necesitaremos límites o qué, pero de momento ambos sabemos que queremos volverlos a hacer. Hemos quedado en que hablaremos todo de forma abierta cada vez que se nos pase cualquier cosa por la cabeza, pero no deja de darnos vértigo, es un mundo nuevo para nosotros.

Y qué mundo.

 

 

 

Anónima