Andaba yo la mar de contenta porque había conocido a un chico increíble en una librería. Sí, en una librería, no en Tinder, o en una discoteca o en un curso de cocina para solteros. En una librería. Mi sueño de hombre.
Era guapo, simpático, inteligente y tenía ese aire bohemio despreocupado de la gente a quien no le importa lo que pasa a su alrededor. Habíamos quedado un par de veces para tomar café y en la tercera cita íbamos a cenar, así que prometía.
Tras la cena me dejó caer que él vivía muy cerca y que preparaba unos mojitos espectaculares. No pude negarme, por supuesto, así que nos fuimos a su piso.
El piso era espectacular. Ático con terraza, cocina americana, un salón que bien podría ser el doble de grande que mi casa y, para colmo, todo bien ordenado y decorado con un gusto exquisito. Me sirvió uno de sus famosos mojitos y nos sentamos en el sofá. De pronto dijo: “Alexa, pon música romántica”. Y se hizo la magia. Luz tenue, música romántica, la dosis perfecta de alcohol… todo era tan de película que me dejé llevar y le besé.
Él me acariciaba el pelo, que aquel día me había lavado con especial cariño. Entonces me dijo:
“Me encanta tu melena.”
Y, acto seguido, oí a Alexa decir:
“Buscando lista verbena…”
Y empezó a sonar el Aserejé a todo trapo. Yo me quedé un poco descolocada, pero él siguió besándome como si no se hubiera dado cuenta, así que decidí no hacer mucho caso de la música.
Empezó a besarme el cuello y su barba me hacía cosquillas, así que le dije sonriendo:
“Tu barba me provoca.”
“Buscando La Barbacoa: LA BAR BA COAAAA. LA BARBACOAAAA. CÓMO ME GUSTA. LA BARBECUE.”
Madre mía, qué bajada de libido más bestia. Estaba a punto de levantar la cabeza para decirle a Alexa que ya estaba bien la broma, cuando de pronto él me dijo:
“Me encantas, eres la bomba.”
“¡¡¡BOOOOMMMMBA!!! Un movimiento sensual (sensuaaal). Un movimiento muy sexy (sexyyy)…”
Bueno, esta no estaba mal del todo. Decidí no llamarle la atención a Alexa y seguir concentrada en mi chico, que me estaba poniendo a cien.
Empezamos a desnudarnos y le pregunté si tenía protección. Él asintió con la cabeza y me dijo:
“Sí, ahí está.”
Yo, como estaba en plan “verbena” y a veces no tengo filtro que me mande callar, no pude evitar que me saliera automáticamente:
“Ahí está el tiburón.”
“AHÍ ESTÁ… EL TIBURÓN. AHÍ ESTÁ… EL TIBURÓN. SE LA LLEVÓ, SE LA LLEVÓ… EL TIBURÓOON.”
Yo estaba entre no creerme lo que estaba pasando y partirme de la risa por la situación. Pero a él parecía no importarle en absoluto, y estábamos ya tan en faena que no quise romper el momento.
Entonces él se puso intenso y me dijo:
“Quiero que esto dure toda la noche, vamos a hacerlo despacito.”
“DES PA CITO. QUIERO RESPIRAR TU CUELLO DESPACITOOO…”
Vale, esta canción me ponía más. Pero… ¿no os pasa que cuando suena esta canción empezáis a cantarla mentalmente? Pues eso me pasó. Tuve que hacer un esfuerzo por concentrarme de nuevo en lo que estaba haciendo.
Cuando acabamos, caímos rendidos en el sofá. Unos minutos después él me preguntó si quería que nos volviéramos a ver y le dije que me encantaría. Él sonrió y dijo:
“Ha sido una gran noche.”
“QUÉ PASARÁ, QUÉ MISTERIO HABRÁ, PUEDE SER MI GRAN NOCHEEEEE.”
Yo ahí ya no pude evitarlo y me eché a reír a carcajadas. Él me miró con cara de interrogante y le pregunté si no había escuchado la banda sonora que nos había acompañado todo el rato. Me dijo que no y le detallé una a una todas las canciones que habían sonado. Él también se echó a reír y me pidió perdón por no haberse dado cuenta antes.
La verdad es que fue el polvo más incómodo de mi vida, porque fui incapaz de concentrarme estando como estaba tan pendiente de la música. Aunque fue muy divertido y, al final, muy placentero, desde aquella noche hemos decidido jubilar a Alexa y optar por poner música a la antigua.