Una de las frases más repetidas respecto a la inseguridad masculina con la talla genital. El tamaño no importa, lo que importa de verdad es saber usarla. Siento que esto es cierto, pero no del todo cierto.
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Ya sea para bien o para mal, sobre gustos no hay nada escrito y todas las personas tenemos nuestras preferencias. Igual que existe mucho complejo sobre los “micropenes”, una polla de más de 20 centímetros, como se fantasea en ciertos espacios, también es poco práctica.
Es importante aceptarse y quererse a uno mismo, así como saber qué te gusta y qué no. Cada persona tiene su propio sabor y también su paladar, por así decirlo. Tiene sentido que dentro del amplio abanico de gustos podamos elegir a quien más nos llame, de igual manera que también nos seleccionan a nosotros.
El tamaño del pene es la inseguridad masculina por excelencia, muy seguida del temor a la calvicie. Es conocida la big dick energy o energía del pene grande. La seguridad que rebosan los bien dotados. También se estereotipa sobre cómo afecta el complejo del pene pequeño en muchas muestras de masculinidad tóxica. El coche deportivo con el que atemoriza vistosamente al vecindario cada vez que acelera. Cosificar a las mujeres y utilizarlas como premio o decoración de la hombría. El furor por las armas de fuego. Podríamos repasar el arquetipo de “chiquito cabrón”. Hombrecillos crueles y acomplejados con su masculinidad. Tanto Franco como Hitler tenían un solo testículo.
En el otro extremo, también encontramos ejemplos aterradores. El miembro viril de Rasputín de unos 30 centímetros, se conserva en el Museo del Erotismo de San Petersburgo. Podemos sacar en claro entonces que el tamaño del pene no hace bueno o malo a su portador.
Las pollas son armas de doble filo: muchas veces están cargadas sin que su dueño sepa manejarlas. Un calibre pequeño puede ahorrarte experiencias desagradables. En otras ocasiones es preferible un fusil a una pistola de balines. Sea como fuere el caso del pene y su tamaño, conviene recordar que todos deben disfrutar. Las manos y la boca pueden llevar a los mismos caminos de placer, o incluso ampliarlos, sin caer en el coitocentrismo.
Sobre gustos no hay nada escrito. Tampoco del tamaño del pito.
Tío Vivo