**Relato**
Ponte en situación, eres un empresario millonario que tiene una mansión gigante en el barrio más exclusivo de la ciudad. Imagina que tienes de todo, un barco, un helicóptero, jet privado y una colección de coches alucinante.
⏤Bueno, bueno, creo que me va a gustar esta tortura.
Vas conduciendo un coche deportivo tremendamente llamativo y te diriges a la entrada de la mansión porque ir andando desde la entrada te llevaría como media hora, lo mismo que tardas en llegar a tu dormitorio desde la entrada de la casa.
Al llegar, abres la puerta y te recibe el ama de llaves que lleva un uniforme bastante sugerente y nada propio del servicio doméstico. Llevaba un traje compuesto por una blazer gris marengo bien ajustada a sus curvas y una minifalda a juego. Sus poderosos senos asomaban por la apertura de la chaqueta como dos pasajeros en hora punta que quieren salir del metro. Tú, como buen macho alfa, no le estás mirando a la cara así que no sabes ni cómo lleva el pelo o de qué color son sus ojos, en tu mente solo hay tetas y la llamarías así si no supieras que se llama Amelia.
Salúdala.
⏤Hola, te… digo, Amelia.
Ella te deja pasar y con el movimiento uno de sus pechos se desplaza haciendo que el pezón asome por el escote. Tú te excitas.
⏤Hombre, a ver, dame algo más para que se me ponga morcillona, no sé…
Cabe destacar que Amelia tiene unos pezones como galletas de desayuno y que además no lleva bragas desde que trabaja para ti porque tú no le dejas.
⏤Espero que no venga ninguna inspección de trabajo.
Mientras camináis por el recibidor de tu casa, Amelia se agacha para coger un papel convenientemente tirado en medio de un suelo impoluto. No dobla las rodillas como cualquier persona en minifalda, se agacha como si fuera a recoger patatas poniendo el culo en pompa justo frente a tus ojos. Se le ve todo el potorro, ¿eso te excita lo suficiente?
⏤Bueno, ahí vamos… es que soy un romántico, no sé, podría invitarla a cenar.
Cuando se levanta, te dirige una mirada lasciva y se relame haciéndote una seña para que la sigas. Tú vas a seguirla porque quieres arrancarle la ropa y hacerla tuya sobre la encimera de la cocina, un sillón o la lavadora.
Intentas alcanzarla pero cuando vas a tocarla, ella te azota la mano para apartártela. No vas a tocarla hasta que ella lo decida, tiene un juego preparado para ti.
⏤Ya, me imagino que el parchís no va a ser, no…
Lleváis como diez minutos recorriendo la casa y tú no paras de pensar sus senos rebosantes, su chocho peludo y esos labios que se relame constantemente.
⏤Será que la muchacha tiene hambre.
Sí, ella quiere comerte pero no aquí, no, en el sótano, tu sótano secreto.
⏤Ah, super bien, me encanta tener cosas secretas en una mansión gigante, eso le da más calidad a la historia.
Amelia se para delante de la biblioteca y acaricia el lomo de un libro titulado “La corte de los espejos”.
⏤Pues tiene buen gusto para los libros esta mujer.
Resulta que al retirar ese libro de la biblioteca, se abre la puerta de un pasadizo secreto. Unas escaleras de caracol aparecen ante ti, entonces Amelia te da una patada en el trasero para que caigas rodando como la bola de mierda que acumula un escarabajo pelotero. Sí, amigo, ahora eres mierda pura.
Como el trozo de excremento que eres, te quedas pegado al suelo durante unos minutos hasta que Amelia te despega a patadas con sus zapatos picudos de tres mil euros.
⏤¿Cuándo empezamos a ser groseros?
Prepárate para escoger tu propia tortura.
Estas en una mazmorra donde hay un potro del tormento, una dama de hierro, la silla de judas y un caballo de madera astillado.
⏤Pues hombre, supongo que dentro de lo peor, la silla será lo más cómodo.
Entonces escoges la silla de judas. Debes de saber algo antes de ser amarrado a ella. No te vas a sentar, vas a ser colgado al techo para que tu culo coincida justo con el vértice de una pirámide de madera gigante.
Amelia te agarra de los pelos para llevarte hasta la tortura que te mereces por ser tan perraco.
⏤¿Pero yo qué he hecho?
Tu ama de llaves no te escucha, hace sus trabajo poniéndote los grilletes en las muñecas. Cuando estás atado de pies y manos, se dirige a una manivela que tira de la cuerda atada a tus grilletes.
⏤Estupendo, tenía que haber escogido el potro, así al menos habría crecido un par de centímetros.
Te elevas en una posición poco elegante, como si fueras un saquito de estiércol pero siendo tu culo en pompa el fondo de éste. No hace falta que te desnudes, el vértice de la pirámide está tan afilado que puede desgarrar tu ropa.
⏤Ya no puedo escoger el potro, ¿verdad?.
Cuando estás situado perpendicularmente a la pirámide de madera, empiezas a descender y tu rabadillla se estremece al sentir la proximidad del afilado vértice.
⏤Si lo miramos por el lado positivo, adiós al estreñimiento. Después de esto se me va a caer la caca.
Sientes como el pico afilado te desgarra la ropa y empieza a causarte un agudo dolor al final de tu columna vertebral. Tu propio peso va haciendo que la carne ceda ante la intrusión de la madera en ella, buscando un agujero donde encajarse.
⏤Mira, ya, voy a cerrar el libro y esta historia se va a ir a tomar por culo, no yo, la historia.