Acababa de cumplir 41 años, y tenía una vida fácil, estaba casada desde hacía 10 y mi marido bien situado, estudié tarde y decidí opositar para un puesto en la administración, no teníamos hijos, pero nunca habían sido nuestra prioridad.
Necesitaba sentirme útil así que aprobé un cuerpo de la Administración, que hizo que me dieran durante 6 meses una plaza fuera de mi ciudad, a 2 horas. Como mi marido en esa época viajaba decidimos que lo mejor era que de lunes a viernes viviera allí, ya que era todo temporal.
Así es cómo empecé en un nuevo entorno que me resultó más cómodo y más fácil de lo que esperaba, conocí gente nueva, quedábamos después del trabajo, algunos eran muy jóvenes , treintañeros con la vida por delante, pero aún así, me gustaba ese nuevo ambiente. Otros, un grupo reducido, teníamos algunos años más, aunque a mi siempre me decían que no los aparentaba.
Y no, no me dejé llevar por su juventud, los veía de lejos, me reía con ellos, pero sabía que ahí no estaba mi lugar, aunque me lo pasaba francamente bien, me desmarcaba de planes que no iban conmigo, por considerarlos un exceso y porqué no me apetecían.
Es ahí cuando me acerqué más a Fran, era del grupo maduro, tenía 5 años más que yo, y entre cerveza y cerveza, por las tardes filosofábamos de cómo esos jovenzuelos nos quedaban a años luz. Él estaba en una situación parecida a la mía, casado, y con una estancia temporal de esos meses, pero más lejos de casa, y con dos hijos pequeños, en su caso necesitaba esos meses para poder promocionar.
No puedo saber en qué momento, ni como, pero nos enamoramos. Acudía cada tarde para verle, sin quedar, pero sabiendo que quizá alguna tarde se apuntaba a tomar algo y nos desmarcábamos de la noche y la fiesta con largos paseos, hablamos mucho de nosotros, y sentí una atracción y una atención que no había sentido por nadie. Nos dimos cuenta que empezamos demasiado jóvenes con nuestras parejas y que poco ya teníamos en común con ellas. Los fines de semana en casa se empezaron a hacer insoportables y necesitaba que fuera nuevamente el lunes.
Nunca me había sentido así. Tan plena. Tan ilusionada.
Hablamos mucho, y con los 6 meses tocando a su fin, decidimos que en la elección de destinos que teníamos previsto en nuestras respectivas promociones. Elegiríamos una ciudad lejos de la nuestra para empezar nuestra nueva vida, y, una vez hubiéramos elegido, luego dejaríamos a nuestras parejas. Pero yo no pude aguantar esa espera, fui sincera con mi marido y lo dejé antes, le expliqué todo, y con todo el dolor del mundo, le dejé.
Salieron los destinos de nuestras nuevas incorporaciones y ya teníamos la manera de hacerlo y la elección preparada, era el día: iba avanzando la elección y teníamos las posibilidades que habíamos calculado, ya nos tocaba, y nos llegaba el destino soñado.
Me tocó a mi primero y seleccioné la ciudad que habíamos marcado como primera opción. Recuerdo ese momento, estaba totalmente extasiada y me giré a esperar su elección. Cual fue mi decepción al ver que él eligió su ciudad natal, dejándome en la estacada.
De nada sirvió preguntar el por qué ni mis lágrimas, sólo alcanzó a decir : NO PUEDO.
Días después recibí un escueto mensaje diciendo que su mujer se había quedado embarazada del tercer hijo y ante tal noticia fue incapaz de dejarla.
¿Y que pasó conmigo? Pues que me marché, y empecé una nueva vida sola, fueron unos meses durísimos, pero me reinventé y decidí que todo pasaba por algo.
Al cabo de unos meses, quedé con mi exmarido para acabar de firmar mi divorcio, y repartirnos 4 cosas, habíamos discutido mucho, y no tenía ganas, pero tenía que cerrar ese ciclo. Para mi sorpresa, estuvo amable y empático y se preocupó por mi. Al acabar todo me propuso ir a cenar y acepté. Bebí y me dejé querer.
Al día siguiente le dije que era un error y que lo mejor sería estar como hasta ahora, y aceptó.
Durante los meses siguientes, me noté rara, y tremendamente sensible, ignoré que no me había bajado la regla, y cuando lo hice creí que era una menopausia adelantada.
Nada más lejos de la realidad, estaba embarazada, con 43 años de un polvo de una sola noche, con mi exmarido con el que no quería volver y con el que nunca habíamos planteado tener hijos.
Y es así como, llegó de mi mayor locura, mi mejor regalo : mi hijo, con el que empecé una nueva vida, en una nueva ciudad.
Anónimo
Envía tus movidas a [email protected]

