Declaro mi huelga sexual a la de YA. Lo he intentado, lo juro. He aceptado citas a ciegas que han terminado fatal. Me he instalado Tinder y no una ni dos, sino diez veces para acabar borrándolo al conocer algún tío raro. He acabado en camas de tíos en bares, discotecas y eventos sociales varios. ¿Qué me ha dado la vida? Muchos disgustos y pocos orgasmos.

A lo mejor es mi problema, que soy aburrida, que mi clítoris está situado al suroeste de mi coño y es difícil de encontrar o que me gusta demasiado la normalidad… Tal vez leí demasiados cuentos de princesas cuando era pequeña en los que la protagonista besaba un sapo e instantáneamente se convertía en el príncipe más divertido, encantador y buenorro del reino.

Señores de Disney, ¿hace falta que cate 100 pollas para encontrar a mi príncipe? Total, me quedan pocas para llegar al número redondo. ¿Preparo las invitaciones de boda? ¿Me depilo las ingles para el gran día? ¿Lavo el sujetador negro de diario y las sábanas bajeras? ¡Universo, dame una señal!

Y vosotras diréis: “¿Qué le pasa a esta muchacha para renegar de los nabos?”. La respuesta tiene nombre: Lukas, con “k” de “me kgo en la hostia”.

La historia es la de siempre… Chica se instala Tinder por décima vez y conoce a chico. Hablan, congenian, se gustan y quedan. Todo va bien, parece su tipo. Ríen, hablan, vuelven a reír, beben cerveza y CHAN CHAN CHAN… Se besan. El beso da pie a un sobeteo por debajo de la mesa, que a su vez deriva en una erección como una catedral de grande. Como son gente decente, deciden irse a una casa porque en el bar hay adolescentes influenciables, y no quieren pervertir la mente de la juventud. Llegan, follan y lo pasan bien. ¿Todo parece genial no?

Sí, yo soy esa chica, pero resulta que no era la única, porque Lukas, con “k” de “menudo kbrón”, estaba CASADO y tenía tres HIJOS. ¿Y cómo te enteraste?, querréis saber… Pues cuando vi que en su casa había una foto del tamaño de un poster de cine de los cinco. La familia feliz.

Ya hay que ser kra dura, con “k” de “Lukas”, para ponerle los cuernos a tu mujer, llevar a la amante a casa y con toda la santa (aunque de santa poco) polla no quitar las fotos en las que se os ven juntitos en plan “anuncio de vuelta al cole con El Corte Inglés”.

Y lo peor de todo es que el gilipollas se indignó cuando le dije que me piraba. Me llamó retrograda, me dijo que a él no le importaría que yo tuviese pareja, que su mujer no tenía por qué enterarse jamás, que era maja pero mala en la cama. De todo me dijo, de todo… Y yo me quedé tan muda que solo le pude soltar un portazo en la cara. ¡Ni tuve tiempo a cagar en su baño en plan sorpresa final!

Así que nada amiguis, aquí me tenéis, poniéndome una cremallera en el coño y diciendo hasta nunqui a los tíos. ¿Generalizo? Sí. ¿Me ahorro disgustos? También. Yo solo espero que con la polla número 100 por lo menos me regalen un vale de descuento para comprarme un vibrador.

¿Vosotras qué haríais? ¿Le diríais algo a la mujer de Lukas, con “k” de “kpullo”?

 

Anónimo