Vaya por delante que esta historia no es mía, es de una amiga y que, para preservar su intimidad, no daré nombres. Pero creo que, con los datos que voy a dar, quien entienda un poco de fútbol puede acabar averiguando de qué futbolista se trata.

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Era el año 2014 y estábamos en nuestro último año de carrera. Aquel año era el turno de una de mis mejores amigas de vivir la aventura del Erasmus. Le tocó, como destino, una isla donde se habla portugués y allá que se fue con la maleta llena de ganas de pasárselo bien. Por aquel entonces todas estábamos más peladas que el culo de una mona, así que ir a verla era complicado, sobre todo porque la isla quedaba a tomar por saco.

Según nos contaba, en aquella isla el tal futbolista era muy famoso y conocido. Se había criado en una familia humilde y, aunque no residía allí, tenía varias propiedades, había sacado de pobres a su gente y había invertido bastante dinero mejorando la vida de la comunidad. Mi amiga, que no es para nada futbolera, parecía que se estuviese sacando un doctorado en fútbol y nos hablaba del dichoso futbolista día sí, día también.

Un día nos contó que en la discoteca del pueblo, la única que había, era bastante habitual verlo por los reservados. Una noche dio la casualidad de que el futbolista estaba allí y las invitó, a ella y a sus amigas, a entrar al reservado con él y su grupo. Para los escépticos: sé que esto es verdad porque nos mandó pruebas gráficas y, por aquel entonces, no existía la IA.

Nuestra amiga estuvo toda la noche pico y pala con él y se acabaron liando. A la mañana siguiente le faltaron manos para escribirnos, con pelos y señales, todo lo que había pasado. Por lo visto, tanto él como sus amigos estaban más que acostumbrados a que las chicas les estuvieran revoloteando.

Después de aquello no nos contó mucho más. Sé que volvieron a verse un par de veces más por el reservado, pero no sé si la cosa avanzó. Su Erasmus acabó seis meses después y, con él, la historia. Lo que sí sabemos con certeza es que no llegaron a nada más, ya que, de haber sido así, ella viviría en una mansión y nosotras seríamos sus gorronas de confianza. En fin, otra vez será…