Hay frases que una escucha tantas veces que acaba convirtiéndolas en verdad.
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La de mi novio era: «Es que yo no creo en el matrimonio»
Me lo dijo durante los cinco años que estuvimos juntos y no una vez, ni dos… CIENTOS O MILES chicas, yo tenía clarísimo que no podía esperar una pedida de este señor.
Cada vez que alguien se comprometía o cada vez que aparecía una boda en una película, yo qué se…cada vez que algún familiar preguntaba cuándo nos tocaría a nosotros.
Él siempre respondía lo mismo: Que no creía en el matrimonio. Que una relación no necesitaba un anillo. Que el matrimonio era una institución anticuada.
Y qué te voy a decir, le entendía y lo que él decía tenía sentido y lógica.
Y no os voy a mentir, yo dejé de creer en el matrimonio y empecé a defender su postura, supongo que cuando quieres a alguien, acabas haciendo cosas absurdas. Como convencerte de que tus planes de futuro son exactamente iguales a los suyos aunque no se parezcan en nada.
La relación terminó por otros motivos. El tema del matrimonio no tenía nada que ver o al menos esa sensación tuve yo.
Te diré que no hubo grandes dramas, no hubo terceras personas, ni portazos… Simplemente llegamos a ese punto en el que dos personas se miran y entienden que están agotadas.
Tres meses después estaba haciendo scroll en Instagram cuando apareció una foto.

ADIVINA: Él, de rodillas y con un anillo. OBVIAMENTE: Pidiéndole matrimonio a otra mujer.
Recuerdo que me quedé mirando la pantalla varios segundos convencida de que aquello era algún tipo de montaje. Porque el problema no era verlo con otra mujer, el problema era el anillo. Bueno no el anillo, el concepto el anillo, el matrimonio. No entendía nada.
El problema era que llevaba cinco años explicándome por qué nunca se casaría y mira tú que tres meses después estaba organizando exactamente aquello que decía no querer.
Durante semanas estuve obsesionada intentando entender qué había pasado
Hasta que una amiga me dijo algo que me enfadó muchísimo en aquel momento, precisamente por ser verdad: «Lo que no quería era casarse contigo»
Fue una frase horrible, pero también fue la frase que me devolvió a la realidad.
Porque entendí que muchas veces confundimos una incompatibilidad con una imposibilidad.
Él no estaba en contra del matrimonio, supongo que no estaba en contra del compromiso, él no estaba en contra de compartir una vida con alguien.
Simplemente no quería hacerlo conmigo.
Y aunque duele reconocerlo, aquella verdad fue mucho más útil que todas las mentiras que me había contado para protegerme.
Porque desde entonces, cada vez que alguien me dice que no quiere algo, le creo. Pero también aprendo a escuchar una segunda pregunta.
No si no lo quiere. Sino con quién no lo quiere.