Hay veces que la vida te pone en situaciones muy poco deseables, pero soy de la opinión de que todo tiene un por qué y de que el destino está preparado para darnos a cada uno lo que está escrito que tiene que pasar.

Con 22 años, como toda chica joven, quise tener una moto. Tanta lata le di a mis padres, que aunque mi madre es súper miedosa con la carretera, terminaron comprándomela.

Iba con mi moto a todas partes hasta que un buen día, un año después, tuve un accidente que casi me cuesta la vida. 

En una rotonda un coche entró, no me vio, y me impactó de manera que sobrevolé varios metros y acabé golpeándome fuertemente en la cabeza, espalda y cuello. Perdí la consciencia y al parecer, todos creían que estaba muerta. Cuando llegó la ambulancia, descubrieron que seguía pendiente de un hilo, viva, pero entre la vida y la muerte. En el camino hacia el hospital, el equipo de la ambulancia fue quien me mantuvo literalmente con vida. Uno de los técnicos en emergencias me estuvo haciendo la maniobra de resucitación cardiopulmonar durante todo el tiempo que duró ese camino. Sin su intercesión, yo hoy no estaría aquí, lo puedo contar porque él no se rindió y estuvo insistiendo e insistiendo, activando mi corazón y mi vida. Consiguieron mantenerme a salvo hasta llegar al hospital y allí estuve la UCI, en coma, 3 semanas. No quiero ni imaginarme el dolor tan grande que sufrieron mis padres y todos los que me querían.

El técnico en emergencias que me atendió ese día, parece ser que se quedó muy preocupado por ver que era una chica tan joven y súper impactado por lo que había vivido a mi lado, porque entiendo que aunque están acostumbrados, hay situaciones más complicadas que otras que deben marcar mucho. Estuvo preguntando por mí en el hospital y mientras estuve en coma, se pasó en un par de ocasiones a hablar con mi familia y preguntar por mi evolución.

Cuando se obró el milagro y desperté del coma, me contaron todo lo ocurrido y quise agradecérselo en persona a todo el equipo, pero sobre todo a aquel técnico que todos me habían dicho que me salvó literalmente la vida y que encima había estado interesándose por mí, pero no sabía ni su nombre.

Tras salir de UCI estuve 15 días más en planta. Había perdido la esperanza de conocer a aquel chico, cuando un buen día apareció por mi habitación. Había preguntado por mí y le habían dicho que ya estaba fuera de peligro y en planta, y quiso venir a verme. 

Desde que nos vimos se estableció una química muy especial entre nosotros. Me pareció una persona encantadora. Le di las gracias un millón de veces y le pedí su teléfono porque no quería perder el contacto con alguien a quien le debía el hecho de seguir viva, gracias a su insistencia, profesionalidad y buen hacer. Él en todo momento fue muy humilde y me decía que formaba parte de su trabajo, que no tenía mérito, pero para mí se había convertido ya en mi ángel de la guarda.

Comenzamos una bonita amistad que poco a poco desembocó en una preciosa relación y en que hoy ese ángel sea el padre de mis tres hijos y mi compañero de camino. Me salvó la vida con 23 años y a día de hoy sigue siendo mi luz y un regalo del destino.

 

Anónimo

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