Leo muy a menudo en esta web historias sobre suegras. De hecho, suelo reenviárselas a algunas amigas porque es un tema que tenemos en común. Y os prometo que a veces intento pensar si esto empeora una vez hay hijos, son las hormonas, nuestro instinto de leonas o qué. Me planteo si perdemos la objetividad, aunque siempre acabo concluyendo con que no y últimamente, le doy muchas vueltas a analizar si los comportamientos de nuestras suegras tienen que ver con las relaciones con sus hijos.
Whatever. El caso es que las suegras siguen dando la nota una y otra vez. Y otra y otra. Yo tengo pongo que objetar de mis suegros, la verdad. O sea, él es bastante cascarrabias y ella una matriarca total, le gusta organizar. Pero tampoco hemos tenido grandes desencuentros más allá de que a mí no me gusta que me hagan la vida y me ha costado alguna discusión con mi marido poner límites, pero sobre todo desde que tuvimos a nuestro hijo. Ellos son una familia pequeña y mi cuñada ya ha dicho que no tiene ninguna intención de ser madre, por lo que los nuestros son los únicos bebés que van a darles el título de abuelos, pero me mata y remata eso, ese egoísmo de es MI nieto y yo SU abuela y lo demás no importa. Agradezco que lo quieran, que nos ayuden, la disponibilidad que tienen, que lo traten bien (aunque difiramos en estilos educativos), pero no soporto esos derechos que ella sola se ha atribuido desde que yo me rompí en dos para sacar al niño por mi vagina. ¿Le compro un Nenuco, señora?.
Mi suegra es muy invasiva, mucho. Y algo de duelo me hace porque creo que se da cuenta de que me molesta e intenta controlarse, pero cuando lo llevas dentro, el ramalazo acaba saliendo. Y mi marido, que ha sido de convivir bajo su mismo techo, pero no intercambiar palabras en dos semanas, desde que es padre parece que también ha subido a su madre a un pedestal, cosa que tiene parte de bonito, pero creo que no sabe cómo hacerlo. A veces pienso que estamos en una competición por igualar las relaciones con los dos abuelos, pero es para otro día… El último asunto que me trae aquí a desahogarme y tratar de apagar las llamas que salen por los poros de mi piel pasó hace unas semanas. Yo estoy de baja porque estoy embarazada, el día de los hechos, de unos 6 meses. Aun así, mis padres y mis suegros vienen a casa un día a la semana cada uno para vernos y pasar un rato con mi otro hijo. Lo recogen de la guardería y vienen a comer.
Pues bien: encontrándome yo en mi domicilio realizando las tareas del hogar, escucho como se abre la puerta de casa (porque ellos tienen llaves y eso ya, les exime de tocar el timbre). Procedo a acercarme para saludar a mi hijo y mis suegros y me encuentro, con sorpresa, a mi suegra con una mascarilla colocada sobre el rostro. Ante mi asombro, me relata cómo está “un poco enfriada” y por eso ha optado a ponerse la mascarilla.
Proceden a entrar en mi domicilio, se acomodan y comienzan a jugar con mi hijo de dos años mientras por mis adentros, comienza a crecer una rabia inmensa, pero que, no soy capaz de exteriorizar. A continuación, nos sentamos en la mesa para comer y observo cautelosa como mi suegra se quita la mascarilla. Terminamos y se ofrece a acompañar a dormir ella al niño en la siesta. A ver, miembros del jurado, ¿pero vosotras lo veis normal?
Si te pones una mascarilla digo yo que es porque tu misma te das cuenta de que estas regular, ¿no? ¿Hay alguna necesidad imperiosa de que vengas a una casa con un niño de 2 años y una mujer embaraza que además en estos momentos no está trabajando? No sé, es que yo no veo defensa posible: te apetecía pasar tiempo con el niño y has priorizado tus necesidades sobre las de los demás. ¿No podía esperar unos días? ¿Venir solo al parque y no meterse en casa? Es que para mí es obvio. Tan obvio como lo que podía pasar. Dos días después el niño comenzó con mocos, tos y fiebres de más de 40. Y otros dos días después, yo acabé en urgencias porque además de ese cuadro, comencé a vomitar. Lo mejor de todo es que a mí casi me sale una úlcera por no atreverme a decir nada, cuando a mis padres no les hubiera dejado pasar del rellano y que, ante el aviso de mi marido de a esta casa no se viene enfermo va y responde que “únicamente se quitó la mascarilla unos pocos minutos”.
Los suficientes. Nada más que decir, su Señoría.
Anónimo
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