Imprudencias gordas que nunca deben cometerse: beber y conducir, preguntar si hay dudas al final de una exposición, y decir en cualquier conversación que escribes erótica. Al parecer, eso activa una serie de respuestas reflejas en según qué antropoides y es preferible evitarlas por la salud mental de una. 

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Si habéis leído la primera parte, ya sabréis que no es el primer inconveniente que le surge a alguien que escribe el citado género. El segundo es este: “huy, pues yo tengo una vida sexual súper intensa, variada y muy salvaje, ¿por qué no me haces una entrevista, o te cuento un poco y tú la novelizas y luego la vendemos?”. Y como una es educada pues suele contestar algo como “es que verás, yo escribo sobre todo fantasía, ya sabes, pornhadas, vampiros, hombres lobo, hasta cosas en el espacio”. Pero lo que sale del alma contestar es algo como “mira, FedericoJosé de mi vida, tu dos minutos en misionero no los aguantaba ni tu ex, ¿qué te hace pensar que yo quiero oírlos? ¿Qué daño te he hecho yo?” 

Si soy escritora de erotismo es porque no escribo costumbrismo o cuando lo hago lo mezclo con mucha fantasía, con sucesos imposibles y con aventuras que van más allá del “conocí a una tía en una discoteca, los dos habíamos bebido mucho, nos enrollamos, fue fantástico y nunca la he vuelto a ver”. Yo, fíjate la cosa, intento hacer relatos que tengan interés más allá del episodio erótico, que puedan leerse independientemente de él, que el intercambio de fluidos tenga peso en el argumento, sea excitante y explícito, pero que no sea lo único que valga la pena del mismo, porque para eso ni yo escribo ni tú lees: te pones una página X y los dos acabamos antes. 

Si soy escritora es porque -para mi desgracia, me puedes creer- tengo muchas ideas y necesito sacarlas de mi cabeza. Te vas a sorprender, pero no necesito las que tú crees tener y que se basan en algo que viste en una película. Si me adhiero a tus ideas, no podré escribir las mías, querrás tener “tu libro” y eso me impedirá escribir los míos. Y lo que es peor, que yo voy a tener que ocuparme de sacar algo en limpio de cuatro polvos mal echados contados desde tu perspectiva, yo tendré que novelizar, reescribir, corregir, maquetar, preparar una portada (sin IA, gracias), sacar el libro a la venta y currarme la publicidad, y después de todo eso, tú me dirás que quieres el 50% (o más) porque “eh, es que son mis vivencias, me merezco más, sin ellas no existiría el libro…”. 

Así que si alguien que me lee escribe erotismo, cuidado con quién se entera de ello, pero sobre todo, si os sugieren eso del “libro conjunto-yo te doy ideas y tú las escribes”, decid que no, ¡decid que no! Sólo son problemas. A no ser que todo se pacte bien clarito por adelantado y por escrito y, por mucho que las ideas sean de otro y pongáis su nombre en la portada tipo “escrito por Pepe Pérez basado en una idea original de Pepa Pírez”, si vais a ser vosotros quienes os llevéis el curro de escribir, corregir, etc., mientras que el otro sólo dice “imagina una familia de superhéroes. Hale, hazme una historia con esa premisa”, el porcentaje más alto para vosotros. 

Y aquí podría decir “sé que te ofreces a darme ideas con buena voluntad”, pero es que SÉ que no es cierto, que detrás de tu frasecita de “voy a darte material del bueno para escribir”, está en primera, tu afán de protagonismo, y en segunda tu maldito prejuicio de “si es mujer y escribe porno, seguro que es un zorrón, voy a ver si mojo”. Y mira, a lo mejor, sí, soy un poco zorrón y precisamente por serlo, a las babosas y las comadrejas me las huelo ya de lejos. Puerta, bonito. 

Delice