La familia de mi marido me cae genial, son gente divertida y cariñosa, pero tienen una pega, y es que son un poco guarretes.

A ver, así en general no, mis cuñados y cuñadas son personas normales, cosa que tampoco logro entender mucho teniendo en cuenta lo marranos que son mis suegros. Mi marido en concreto es un tío limpio e higiénico, lo normal, pero en cambio normaliza conductas que yo entiendo como extrañas, imagino que porque lleva desde niño viéndolas.

La casa de mis suegros está llena de chismes sin sentido, aquí y allí. Mi suegra por ejemplo, cuando pela patatas, no las enjuaga antes de freírlas, con lo que las fríe con la tierra que se desprende de la peladura. También friega el baño muy de cuando en cuando, lo cual, es una cochinada teniendo en cuenta que mi suegro cuando mea, tiene esta costumbre machirula de no levantar la tapa. Yo, sinceramente, me santiguo antes de entrar en su casa para no verme obligada a tener que entrar en el baño, con eso os lo digo todo. Y cuando mis niños piden pipí o caca estando allí, hago que los lleve mi marido porque me muero de la angustia.

A todo esto, mi suegro, aunque no es tan mayor, padece de próstata y tiene escapes de pipí, por lo que el olor de la casa en general, es algo así como entre rancio y pis antiguo. 

Para colmo de los colmos, tienen un perrete, muy lindo él, pero si no lo sacan, el animal obviamente no va a reventar. Cuando mi suegra tiene que salir o lo que sea, si el perro se hace pipí o caca, el neandertal de mi suegro se niega a recogerlo, de manera que aquello se queda allí las horas que sea hasta que mi suegra, o algún hijo, llega y lo quita.

Pues todas estas cosas y más, mi marido las tiene normalizadas hasta el punto de que yo me resisto a ir a casa de sus padres y él no ve problema alguno. Os juro que me da un poquito de reparo comer allí. Hemos tenido broncas porque a veces pretende que dejemos allí a los niños, y yo, como podréis comprender, me niego a que mi bebé por ejemplo pase el chupete por todo el suelo lleno de mierda o que mi mayor coma patatas fritas llenas de tierra. Que pongan sus culitos en la taza del váter llena de pipí de su abuelo. Pero claro, eso así de crudo tampoco se lo puedo decir a mi marido, porque para él es su casa, son sus padres, y parece que ni huele al entrar, ni ve las cortinas ennegrecidas, ni el mantel lleno de lamparones que ponen para comer.

De verdad que yo no es que sea más limpia que el resto, me considero normal, pero hay cosas que yo no he visto en mi casa de pequeña y que por supuesto no hago en mi casa actual. 

Es un tema delicado que no sé cómo tratar, porque no quiero que mi marido se sienta ofendido… ¡no sé qué hacer!