En mi familia circula desde siempre una historia que se cuenta como si fuera una verdad inevitable. Algunos la cuentan medio en broma, medio en serio, pero todos saben de qué va y la repiten. La llaman “la leyenda” y básicamente dice que, en cada generación, una de las mujeres está condenada a quedarse sola porque su pareja muere joven o la abandona. Según todos, ahora me toca a mí.
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La lista de ejemplos siempre está preparada: mi bisabuela viuda, mi abuela con su primer amor perdido, mi madre abandonada… Con esos datos construyen un relato que, cuanto más lo cuentan, más real parece. La cosa es que ahora todos me están mirando a mí. Tengo treinta años, no tengo pareja y no vivo esto con angustia; el problema es que mi familia sí.
Me dicen que tenga cuidado, que no me ilusione demasiado. A veces lo dicen riendo, otras con un tono casi solemne, como si no fuera una posibilidad, sino un destino heredado. Incluso me han llegado a decir que mejor me quede soltera para evitar que mi pareja muera joven. Cuando les digo que estoy bien sola, lo interpretan como resignación adelantada. Es imposible hablar con ellos de este tema.
Lo que más me jode es cómo condiciona la forma en que me miran. Siento que, pase lo que pase, siempre habrá una explicación preparada: si me dejan o si alguien muere, es «La Leyenda». Es ridículo; no se plantea la posibilidad de tener voluntad propia o simple casualidad. Incluso si tuviera una relación, estarían todos a la espera de la tragedia. Es agotador y me da muchísima vergüenza.
He sentido hasta presión por encontrar a alguien solo para demostrarles que no todo está escrito, como si necesitase romper la maldición para tener un argumento en su idioma. Yo no creo que exista una maldición real, pero creo en el peso de repetir un relato hasta que se convierte en profecía.
Me pregunto hasta qué punto estas historias sirven para recordar el pasado o solo para condenar el futuro. Solo veo una manera más de intentar controlar a la gente bajo la amenaza del abandono. Pero eso no se puede hablar con ellos.
SOFÍA ESTRELLA