Vamos a ver nenas, yo estoy gorda. Pero a la hora de conocer a alguien, lo guay es conocerse también por dentro.
¿De dónde viene esto? Agárrate que te lo cuento.
Resulta que hay hombres que tienen un fetiche con las chicas gordas. Y yo sin saberlo, di con uno en la jungla de Tinder.
Todo iba con cierta normalidad, bueno no. Vamos a ser completamente francas, nos enviábamos fotos de vez en cuando y él siempre me pedía que le enseñara ciertas partes del cuerpo.
Cosa que a mí me parecía rara, porque claro, los tíos que yo he conocido lo que quieren es ver teta y si les mandas un video masturbándote pues mejor. Pero este señor me pedía que me apretara el muslo y le sacara una foto, o que me sentara y le enviara una foto de mi abdomen.

Y claro, estoy gorda y el abdomen de una gorda sentada no es la típica foto que un tío te pediría.
Yo soy un poco inocente, vamos, que si me das un caramelo me lo como con papel. Entonces pensé para mí «Mira qué majo, quiere normalizar mi cuerpo y hacerme ver qué le gusta». Ya, claro que sí nena, claro que sí…
Bueno, llega la cita y nos vamos a cenar. Él dice que tiene un hambre voraz y pide mucha comida. Cero problemas con eso, cada uno que coma lo que quiera. El problema empieza cuando me pide por favor que coma más y más y más. Vamos a ver, que estoy gorda pero no por eso tengo que comer hasta salir volando, cada uno come lo que quiere y este señor no paraba de pedirme que comiera más. Entonces llega un punto en el que me pongo petarda y le digo que no quiero comer más. ¿Y qué pasa? ¡Que el pavo pone cara de pena!
Vale, si, dos red flags como catedrales, pero chica, yo no las vi.
Nos enrollamos a fuegote. Yo le pido más gasolina, él me canta hoy es noche de sexo y entonces se me baja todo el subidón cuando de repente me pide que le pegue con mi teta en la cara.
Vamos a ver que mis tetas pesan como 3 kgs cada una ¿Estamos locos? Él insiste más y entonces lo hago. Me sentí fatal, no sé, aquello estaba fuera de lo que yo considero sensual o morboso, pero claro, como cada uno tiene sus gustos…

Pero claro, luego me pidió que me pusiera encima en postura 69 y que en vez de comerme el coño, quería incrustar su cara en mi barriga.
Fíjate que antes de pensar que tenía fetiche con las gordas, lo que pensé fue «Ostras, un suicida».
Vamos a ver señores, que estoy gorda y puedo tener limitaciones logísticas en la cama. No me pidas que te haga cosas olímpicas, pero coño, que no hace falta tanta bizarrada para una buena corrida ¿no?
Le dije que no me sentía cómoda con todo eso y él se decepcionó mucho. Luego me pidió que me tumbara completamente encima de él, que le gustaría sentir mi peso, a lo que yo le respondí «¿Pero qué coño me estás diciendo?».
Le dije que se dejara de gilipolleces y que me comiera el almendro, que no hacía falta tanta chuminada para pasarlo bien. Fue entonces cuando me confesó que él tenía un fetiche con las gordas y que le gustaba mucho sentir el peso de una gorda encima de su cuerpo.

Mi mente cortocircuitó. Este señor del Tinder no ha venido ni a follar conmigo, solo ha venido a mi casa para que le aplastara. ¿Pero qué está pasando con la humanidad? ¿No me podría haber avisado? No sé, lo suyo sería que yo pudiera elegir ser su fetiche o no ¿No?
Claro, yo me quedé de piedra y le pregunté «Espera ¿estás aquí conmigo SOLO porque estoy gorda?» a lo que él me respondió con una afirmación.
Por un momento me sentí fatal, no sé, no quiero que alguien esté conmigo sólo porque soy su fetiche. Quiero que si follo con alguien sea porque tengo química con él. No te hablo de amor, te hablo de conexión, no sé, a mí me gustan los rubios pero si me voy a follar a uno tendrá que ser porque además él como hombre me gusta ¿No?
El caso, que se fue de mi casa sin sesión de aplaste, con una tetarrada en la cara y con cero orgasmos.
Anónimo