Los cumpleaños infantiles se nos han ido de las manos hace ya tiempo. ¿Dónde quedaron los cumples de 4 o 5 amiguitos en casa y tu madre preparando sándwiches de nocilla? Pues supongo que en los años 90.
Canal de mamis en whatsapp, vente!
Que yo sé que las cosas evolucionan, que las modas cambian, pero convertir el cumpleaños de tu hijo en una fiesta multitudinaria con parque de bolas, actuación de un mago y un catering para 25 niños invitados, creo que es un poco loco ya.
Que estamos hablando de una cantidad de dinero considerable de la que no todo el mundo dispone. Yo empiezo a ahorrar ya de un año para otro, porque no nos sobra la pasta. Y al final es inevitable compararte con otros padres, y si fulanita le ha contratado a su hijo animación y pintacaras, pues tú no quieres ser menos. Así que te pasas un año ahorrando para la gran fiesta del séptimo cumpleaños de tu hijo.
Encima ahora está de moda invitar a toda la clase. Que me parece una idea genial para que ningún niño se sienta excluido, pero es que son tanto niños en clase que llegas tú al cumpleaños sin saber quién es el homenajeado.

No conoces al niño, a los padres mucho menos, ni a la mitad de los niños que están allí.
El otro día me vi en un cumpleaños de un amiguito de mi hijo, que el niño me sonaba, claro, porque mi hijo habla de él en casa. Pero es que la madre… ni idea. No había visto a esa mujer en mi vida. Ni en la puerta del cole, ni en el parque, ni en ninguna reunión. Nada. Cara completamente desconocida.
Que le tuve que preguntar a otra mamá que conozco quién eran los papás del cumpleañero, para saludarlos por educación y darles las gracias por la invitación, porque es que ni me sonaban sus caras.
Mi hijo este año ha empezado primero de Primaria. A los niños que han ido con él a clase durante los tres curso de Infantil, los tengo controlados. Pero este año los han mezclado con otra clase que había, más algún niño que he entrado nuevo, pues me pasa que no conozco a todos los padres.
Luego me habla mi hijo de Alma, de Hugo o de Héctor y le tengo que preguntar si son niños de su clase, de la otra o de alguna extraescolar.
Que llegas al cumple de Hugo y ese mismo día le pones cara al chiquillo.
Hace un mes fue el cumpleaños de mi hijo y yo me vi en una situación similar. Lo celebré en un parque de bolas de esos con monitores, que los niños juegan mientras los papás nos tomamos un refresco en la zona de bar. Refresco al que, por supuesto, invitas.

Pues me veo allí a dos mamás tomándose un café, que no sabía si eran madres de algún niño, si se habían equivocado de cumpleaños o se había colado en el cumpleaños de mi hijo a echar la tarde.
Además que estaban las dos, en nuestra mesa, pero como apartadas a su bola, hablando de sus cosas. Yo no las conocía de nada.
Ya le tuve que preguntar a otra mamá que es más o menos amiga, con la que tengo confianza: “Oye, ¿quiénes son esas dos?”. Así, tal cual. Y me suelta: “La madre de Ángela y la madre de Nerea”. Y hasta le tuve que preguntar si esas niñas iban con los nuestros a clase.
La otra mamá, muerta de risa, me suelta: “¿Pero no sabes ni a quien invitas?”. Pues no. Porque yo me meto en el WhatsApp de padres, suelto la invitación, y ya me van confirmando quien viene y quien no. Y a veces no me quedo ni con los nombres de los niños. Cuento los que son y reservo para ese número concreto. Luego me van soltando bizums los padres, le compro el regalo a mi hijo y se acabó.
Ese día yo por dentro pensaba: ¿en qué momento hemos normalizado esto? ¿En qué momento invitar a toda una clase, sin tener relación con la mayoría de las familias, se ha convertido en lo habitual?

Quizá deberíamos empezar a cuestionarlo un poco. A recuperar cierta sencillez y volver a hacer cumpleaños más pequeños, más íntimos. A ser más selectivos en lugar de arrastrarnos por la inercia.
Tengo una amiga con un hijo mayor que el mío y me dice que esto de los cumples masivos se acabará. Que cuando son más mayores ya no quieren invitar a toda la clase porque siempre hay algún niño con el que se llevan mal. Que luego invitan a sus seis o siete mejores amigos a merendar, y que si tú no vas mejor para ellos porque se sienten mayores.
Así que nada, aguantaremos unos añitos más así, a ver si llega pronto la divina bendición de los cumples con sólo amigos del alma. Mientras, he empezado ya a ahorrar para el octavo cumpleaños de mi hijo. Me quedan solo once meses.