Recuerdo cuando era pequeña y teníamos un cumpleaños. Mi madre me llevaba a la juguetería, yo me quedaba embobada mirando la pared infinita de Barbies, Playmobil y juegos de mesa. Después, ella elegía uno dentro del presupuesto, no siempre compraba lo que yo quería porque elegía siempre lo más caro, me solía decir. En casa, lo envolvíamos en papel de regalo, yo iba feliz con aquel paquete bajo el brazo al cumpleaños de mi amiga y se lo daba con toda la ilusión del mundo.

Pues bien, todo eso ya no existe. Se acabó. Ahora lo moderno y lo más práctico es hacer un bizum. Ir con un regalo a un cumpleaños infantil ya está obsoleto. Mi hijo ya no se tiene que venir conmigo a elegir el regalo para su amigo, porque entre las mamás nos damos dinero y santas pascuas.

Y muchas me diréis: ¿Y qué problema tienes con hacer un bizum?

Es cierto, tengo que reconocer que muchas veces se agradece, porque las madres modernas vamos como locas, sin tiempo para nada. Y si encima tienes que dedicar una tarde a ir al centro comercial a buscar un juguete para el cumple del amigo de tu hijo, ya apaga y vámonos. Pero de esta manera el peque se pierde la experiencia de elegir un regalo para su amigo.

 

El cumpleaños convertido en crowdfunding

Para mí el problema viene cuando la madre en cuestión te dice que le hagas un bizum pero no te dice de cuanto dinero. Porque claro, si doy 5 euros parezco una rata, si doy 20 me parece una burrada, y 10 euros se me hace poco porque ya una tarta cuesta 80.

Hay veces que das dinero en función a dónde lo van a celebrar. Porque no es lo mismo que inviten a mi hijo a comerse una hamburguesa del Burger King que te vale el menú 5 euros, que llevártelos a un parque de bolas gigante donde juegan con monitores especializados y les dan hasta la merienda.

¡Ay! ¿Dónde quedaron ya los cumples en el salón de casa con sándwiches de Nocilla…?

El caso es que, si no te piden una cantidad en concreto, una opción es hacerle un bizum a la mamá con lo que vale el menú que va a consumir tu hijo, como pasa con las bodas. Aunque claro, si la mamá quiere celebrar el cumple en un castillo medieval porque a la nena le encantan las princesas de la Edad Media, pues no le vas a pagar tú un cumpleaños que se sale de todos los presupuestos. Igual que ocurre con algunas bodas.

El sistema del bizum ha convertido los cumpleaños en una especie de crowdfunding. Ya no regalas nada, ahora financias el cumpleaños de otro. Es como comprar tu entrada para el evento. Porque seamos claras: muchas veces ese dinero no va ni siquiera al regalo del niño, va a cubrir parte del coste de la fiesta. Y claro, si llevas a 20 niños a un parque de bolas que cobra 15 € por cabeza, la suma final duele. Pero en vez de decirlo abiertamente, se disfraza de “aportación al regalo”.

 

La tensión del grupo de WhatsApp de los papás

Otro momento crítico: el grupo de WhatsApp. Esa jungla. Cuando al cumpleaños vamos los padres que nos conocemos, pues se hace un grupo a parte para debatir qué le compramos al niño, quien se encarga de ir a comparlo o de pedirlo en Amazon, o si la madre ha dicho que le hagamos un bizum que mejor ella se encarga de comprar algo de parte de todos. Que ahí es cuando empieza el eterno debate de cuánto ponemos. Se suele resolver con poner lo mismo que has puesto en cumpleaños anteriores.

Pero cuando el cumple es de un niño o de varios y han invitado a toda la clase pues los padres aprovechamos el grupo de WhatsApp del cole para hablar del cumpleaños. Esto está muy de moda ahora: se juntan dos o tres niños que cumplen años el mismo mes e invitar a los veintitantos niños de la clase. No os podéis imaginar la locura que es un cumpleaños tan multitudinario, con veinte niños, más algún hermanito que se acopla, pegando voces por el parque de bolas.

Cómo te metas al trabajo y dejes el móvil en la taquilla o donde sea, sales después de siete horas aguantando clientes y te encuentras el móvil con ochenta y nueve mensajes del WhatsApp de padres del cole sin leer. Que ya no sabes si están hablando del cumpleaños de Pepito y Martita, de la excursión al Zoo o de que hay que llevar una cartulina A3 color azul bebé y están agotadas en todas las papelerías y chinos del barrio.

Pero para mi lo peor es cuando empiezan a confirmar el envío del famoso bizum y la mamá o papá del cumple contesta con un “recibido” a cada “bizum enviado”. Te puedes encontrar treinta mensajes en el grupo de WhatsApp con el enviado y el recibido. Que ya te entra la presión a ti de que no le has hecho el bizum, porque a lo mejor queda un mes para el cumpleaños, pero la gente tiene prisa para todo.

¿Y los papás que hacen un bizum aunque sus hijos no van pero así contribuyen a pagar el cumpleaños? ¿Esos padres?

El bizum nos ha robado un aprendizaje

Más allá de lo económico, a mí lo que me molesta es lo que pierden los niños. Porque elegir un regalo enseña un montón de cosas: a pensar en el otro, a respetar gustos diferentes, a gestionar la ilusión de hacer un obsequio.

Ahora el niño lo único que aprende es que su madre manda dinero y que, mágicamente, en la fiesta aparece un regalo común. Se pierde el momento caótico pero precioso de abrir los cuarenta regalos delante de todos, porque ahora la mamá le compra algo grande de parte de todos. No hay sorpresas, no hay regalos repetido y tampoco hay decepciones. Porque de las decepciones que te llevas en la vida, también se aprende.