Me siento vieja, tía, me siento increíblemente vieja porque veo que cada vez me molestan más cosas que hacen los jovenzuelos. Decir “en plan”, poner música con el altavoz del móvil, la música que ponen con el altavoz del móvil y, lo último, lo de los patinetes eléctricos.

¿Me puede explicar alguien muy despacico para que yo lo entienda qué está pasando exactamente con esos cacharros del demonio? Me explico. El otro día estaba yo en la sala de espera del ginecólogo en el hospital cuando, de pronto, aparece una chica con su patinete eléctrico en la misma sala de espera. Afortunadamente no iba montada en él, solo lo iba empujando, pero, ¿es necesario?

Nunca jamás en mi vida he visto a nadie subir la bicicleta o, yo qué sé, aquellos patines de aluminio que también se pusieron de moda allá por, ¿los noventa o dos mil? Así que me quedé alucinando, bueno, yo y media sala de espera.

Lo mejor es cuando sale la enfermera a recoger los volantes para llamar a la siguiente y ve aquel patinete y a su dueña. La mujer no dijo nada, solo puso gesto de resignación lo que me hizo suponer que no era la primera vez.

Me tiré los siguientes veinte minutos súper intrigada, mirando a mis compañeras de sala de espera y cruzando miradas con todas como “¿esto está pasando realmente?” mientras la dueña del patinete mandaba audios de WhatsApp y luego escuchaba las respuestas CON EL ALTAVOZ. Era todo como una gran pesadilla para una nacida a finales de los ochenta como yo, la verdad, porque nos estábamos enterando de su conversación al completo, lo que era bastante incómodo para todas las que estábamos allí, algunas también muy muy jovencillas.

En fin, que cuando me tocó pasar no pude contenerme y directamente le pregunté a la enfermera que qué pasaba con los patinetes y la mujer se me echó a reír a carcajada limpia mientras decía “ay, chica, yo qué sé, no lo entiendo”. 

Estuvimos comentando con la ginecóloga también que no habíamos visto nunca una bicicleta en la sala de espera y que no entendíamos de dónde salía esta forma de proceder y que casi que les daba apuro preguntar o llamar la atención, realmente en el hospital además no había ningún cartel que prohibiera meter patinetes ni cualquier otro medio de transporte similar. Entendíamos todas que lo único que te prohíbe meterlo es el sentido común, pero ya sabéis cómo está la cosa (lo de que es el menos común de los sentidos y tal).

Entonces, sin querer enfadar a nadie porque obviamente todos los usuarios de patinetes eléctricos no hacen lo mismo, ¿sabéis el porqué de esta práctica?

Anónimo