Pues sí, follar con mascarilla se puede y no es el fin del mundo. ¿Qué es raro? Un poco, la verdad. Pero las risis te las echas, sobre todo si tienes confianza con la persona y ya tienes algo que contar de borrachera con tus amigas.

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La cosa es que yo llevaba un par de meses de Erasmus estudiando bellas artes en Italia cuando se desató toda la locura del coronavirus y claro, a mi señora madre le iba a dar un jari imaginando a su churumbel allí perdida en Génova y en cuanto puede me volví a la España de mis amores. Mi madre me recibió como si hubiese vuelto de la guerra y fuese la última superviviente del continente, entre lágrimas y aspavientos que de verdad qué vergüenza pasé yo aquella tarde con la señora.

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Cómo me imaginaba mi madre en Italia

Después de estar encerrada dos semanas por precaución en mi cuarto, dejándome la comida en una bandeja en la puerta como si fuese yo una reclusa del módulo dos de prisión y a mi hermano llamándome la infectada, pude empezar a «hacer» vida normal en verano.

Y el que también quería hacer vida normal era mi chichi, que me pedía después de meses sin ver a mi churri fiesta y alboroto. Quedamos un par de veces, siempre en zonas sin mucha gente y ambos con mascarilla porque su padre es grupo de riesgo y queríamos reducir las posibilidades de contagio. La cosa es que le dije de subir a mi casa porque mis padres se habían ido a la casa que tienen  en la sierra y yo tenía toda la intención de echar un polvete de bienvenida.

Lo senté en el sofá, le bajé el chándal gris- espero encontrar algún día explicación a lo perraca que me ponen los chándales grises- y empecé a comerme el calipo como si estuviese en Sevilla a 40º grados a la sombra.

Y al levantar la cabeza lo veo gozando, sí, pero con mascarilla. Y claro, a mí se me cortó hasta la leche del frigorífico, porque seamos sinceras, la mascarilla, sexy sexy, no es. 

Sin embargo, hicimos un inciso en nuestro – aséptico, sí, pero apasionado- polvo para hablar sobre cómo queríamos gestionar la situación y llegamos a la conclusión de que lo mejor era follar con mascarilla.

Fue todo un poco raro y la mitad del polvo me la pasé descojonándome, pero la verdad es que no estuvo tan mal follar con mascarilla. Eso sí, postura del perrito y la cucharita a tope.

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Anónimo