El cava solo en copa, ¡gracias!
Asociar el cava con una celebración especial es casi automático. Abrir una botella, poner unas copas y brindar es sinónimo de unión, de amistad y de protagonizar un momento diferente que te saca de la rutina. Sin embargo, el cine para adultos ha influido muchísimo en cómo utilizamos esta bebida tal y como ahora te cuento.
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Como suele ocurrir cuando tienes pareja, pero no un sitio adecuado para follar, te vienes arriba, tiras de tu tarjeta y decides irte a un hotel romántico, vamos a dejarlo ahí, con todo tipo de complementos para revivir los mejores tiempos de John Holmes, salvando los centímetros, y de Ginger Lynn. Al menos, ese era nuestro plan, aunque no todo fue tan bien como parecía en un principio.
Tras llegar al hotel y entrar como si estuviéramos preparando un atentado, era la década de los 90 y todavía había «exinquisidores» que habían apostado por convertirse en recepcionistas de hoteles para parejas, llegamos a la habitación. No te voy a negar que lo del espejo en el techo, las luces de neón y demás nos dieron muchas pistas sobre cuál fue el uso anterior del establecimiento, pero nosotros a lo nuestro.
Además, allí había una bandeja con preservativos, un pequeño sobre con juguetes sexuales (una pirola de pitufo de plástico malo y una piruleta con forma de pene, tampoco te creas) y dos benjamines de cava con dos copas. Como pensábamos repasarnos a fondo, fuimos al baño y vimos una de las primeras placas de ducha con mamparas de nuestra vida. En lugar de la bañera de casa, aquello era ideal para que entrásemos los dos y comenzáramos a calentarnos a base de bien antes de terminar en la cama.
Los primeros besos fueron la antesala a los primeros refregones, a las primeras masturbaciones con la ayuda del jabón y a ponernos como motos en muy poco tiempo. De pronto, dice mi chica «un momento, ahora vengo». Sale de la ducha, se pone un albornoz y las zapatillas y regresa a los dos minutos.
Se vuelve a calentar con la ducha, se pone de rodillas y empieza a chupármela con deleite. En ese momento, se detiene, abre uno de los benjamines de cava y comienza a verterlo por encima de mi polla mientras se lo va bebiendo todo. Durante los primeros segundos, aquello daba un placer enorme y tuve que aguantarme las ganas de correrme. Luego, cuando ella tenía la boca llena de cava y se metió mi glande en la boca empiezo a notar un hormigueo, luego un escozor y luego un dolor insoportable.
Ella pensó que me había mordido, o algo así, pero no. El cava había entrado por la uretra y seguía ahí burbujeando y provocándome una molestia como si me quemase por dentro. Me eché agua, ella trajo hielo y no servía nada de lo que hacía. No estaba San Google para preguntarle qué hacer y mi chica decidió bajar a la recepción a preguntar.
Por suerte, el de la habitación de al lado nos escuchó y no dudó en preguntar qué pasaba (había dado ya algunos gritos porque no lo soportaba más). Era auxiliar de enfermería y cuando supo qué ocurría me dio la solución: beber mucha agua para que orinase lo antes posible y eliminar así los restos de cava. Además, añadió que tampoco es nada conveniente verter el cava sobre los genitales femeninos por el mismo motivo.
Finalmente, pude orinar tras beberme dos litros de agua, pero la noche romántica se fue al garete. Desde entonces, el cava solo lo bebemos en copa. ¿Y tú?