¿Y qué pasa si os digo que su mejor fantasía sexual era que cuando yo llegara de fiesta una noche, me metiera debajo de las sábanas y se la chupara?
Así que una, que es aplicada, cuando le ponen deberes los hace. Porque cuando llevas poco tiempo y quieres hacerte un poco la chula en lo sexual, sus deseos son órdenes. Y como encima me pareció una fantasía asequible… pues allá que fui.
Total, que una noche entre semana, después de una cena con amigas, volviendo a casa pensé: hoy es el día. O la noche, porque eran las dos de la mañana. Entro sigilosamente, me desnudo, me meto en la habitación, me cuelo en la cama por debajo del edredón a la altura de los pies (madre mía cómo le huelen) y repto lentamente hasta el Flipper.
Y la que flipo soy yo cuando me lo encuentro mórbido, espachurrado y sin brío alguno. Cosa que ya me extrañó porque sé que estaba despierto.
Empiezo a lamer suave, esperando una reacción. Poco a poco voy desplegando mis mejores habilidades linguales… pero nada de nada. L’ucellino e morto.
Le metí más ímpetu, más ritmo… pero nada. Así que dimos por finiquitada la fantasía idealizada. Y oye, cuántas veces después, en conversaciones, se lo he recordado. No tiene manera de rebatirlo.
Y nunca jamás de los jamases me ha vuelto a expresar otra fantasía.
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