¡Chicas, parad las rotativas! Si alguna vez habéis dicho eso de «lo que más me pone de un tío es que me haga reír», tened cuidado porque vuestros sueños se pueden hacer realidad. Os cuento.

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Os pongo en situación: quedo con un chico. Guapo, con ese rollito de «sé perfectamente lo que hago», voz grave de anuncio de café y unas manos… bueno, de esas que te prometen el cielo y la tierra. Yo iba  pensando: «Prepárate Mari Carmen, que hoy sales de aquí levitando».

Llegamos a su casa. Luces bajas, música de ambiente y él en plan seductor total. Empezamos el lío. Todo bien, muy rico, mucha química. Pero de repente, en el momento de máxima tensión, el tío se separa un segundo.

Yo pensaba que iba a sacar un juguete, un lubricante de sabores, ¡yo qué sé! Pero no. Se queda de rodillas, me mira muy serio (pero MUY SERIO) y procede a hacerse una manualidad con sus partes nobles.

Os juro por mi suscripción a Netflix que lo que vi fue el puro surrealismo.

El tío se estiró la piel del escroto hacia arriba hasta que tapó el glande por completo. Y ahí se quedó, estático, enseñándome aquel huevo pelado, rosa y brillante que parecía una cabeza de rodilla asomando por la sábana.

– Es un Matamoros

¡CHICAS! ¡ERA como la CALVA DE KIKO MATAmOROS! Mi cerebro hizo click. No pude evitarlo. Pasé de estar excitadísima a visualizar una escena de Sálvame.  Me tapé la boca pero me salió un sonido como de foca con asma. Y de ahí… al abismo.

¡ME DIO UN ATAQUE DE RISA QUE CASI MUERO ALLÍ MISMO!

Me reía tanto que me caí de la cama. Hasta que soltó:

— En nuestra primera conversación me dijiste que no hay nada que te excite más que un chico que te haga reír… 

¡BOOM! ¡Ahí lo tenéis! El premio al Mister Literalidad.

El tío, con toda su fe había pensado: «A ver, a esta chica le gusta reírse para ponerse a tono. ¿Qué hay más gracioso que convertir mi rabo en una calva famosa? Soy un genio de la seducción».

Os juro que en ese momento me visualicé casada con él, explicándole a mis hijos por qué su padre estaba haciendo sombras chinescas con el escroto en la noche de bodas.

— «¡Pero no ASÍ, alma de cántaro! Que una cosa es que tengas chispa y otra que me hagas un Art Attack testicular en mitad de la faena!».

Él miró hacia abajo y me acompañó en la risa tonta hasta que volvimos a abrazarnos y acabó en un polvo espectacular. A ver, me pilló desprevenida y no lo vi venir, pero no le mentí, a mi un tío que se sabe reír de si mismo me enamora, y aunque de esto hace ya unos años y hace tiempo que no lo veo, juntos pasamos unos meses geniales llenos de risas y sorpresas.

Anónimo

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