De mi noche con un monórquido
¡Hola chicas!
Es la primera vez que escribo por aquí y no puedo estar más contenta. Le dí muchas vueltas a cual sería mi primer texto para entrar en contacto con vosotras ¿algo serio? ¿filosófico quizá? ¿un análisis sobre Pablo Motos? Y al final me decidí a contar una anécdota de salseo picante de cuando abracé la soltería de nuevo tras una relación de casi catorce años.
Me encontraba, como digo, abrazando la soltería…y las copas de ginebra, no lo voy a negar. Porque aunque fui yo la que tomó la decisión, una ruptura siempre es dolorosa y el alcohol desinhibe y alivia las penas (no, no es real, evitadlo si podéis que las resacas post ruptura son muy malas y muy tristes).
Una noche de tantas que salí como una potra desbocada que diría mi madre, conocí a un chicarrón: un poco más joven que yo, alto, fuertote y, sobre todo, barbudo (de mi pasión ciega por las barbas hablaré otro día). Después de unas bromas, un jijí jajá, un par de copas (más) y unos bailes, nos cerraron el local y, embriagadísimos, nos fuimos a su piso.

Debía hacer muchísimo frío y el chico se preocupó de buscar una manta para que estuviésemos más cómodos digo yo, porque calentitos ya íbamos. Nos quitamos la ropa y todo iba bien, pero yo estaba muy perezosa: llevaba catorce años entregada a la vida parejil y a mi lo que me apetecía era que me lo hicieran todo. Nunca he sido así, pero esa noche me volví una estrella de mar un poco egoísta, la verdad.
Cuando acabamos, vi que el chico se había quedado un poco serio y le pregunté que si estaba bien. Me dijo que si pero que estaba un poco molesto, cito textualmente, “porque no te has dado cuenta”. ¿Eh, hola? ¿De qué no me había dado cuenta?
Os prometo que era un poco estrella de mar, pero no estaba haciendo la lista de la compra mental…que estaba pendiente de lo que hacíamos, vaya.
“No te has dado cuenta de que tengo UN SOLO HUEVO”.
¡Qué?
Mi cara era un poema MUY confuso. ¡No sabía qué decir! Cierto que no me di cuenta pero si me hubiese dado ¿qué quería que dijese?: ¿oh, vaya, eres monórquido, qué curioso/raro/bonito/interesante? (el concepto monórquido lo aprendí después de esta historia)
La cuestión es que supongo que se indignó por mi poca iniciativa y fue su forma de hacérmelo saber. Y funcionó, vaya si funcionó. Porque otra cosa no, pero curiosa soy un rato, así que empecé a tontear de nuevo con el único fin, no está bonito pero para qué engañarnos, de centrarme en el asunto y, esta vez si, darme cuenta.
¿Y sabéis qué? Que él se llevó un buen sobeteo en la bolsa escrotal…pero yo seguí sin notar la diferencia.