A pesar de que mi coche funcionaba, ya llevaba mucho tiempo con él y necesitaba uno nuevo más grande ahora que había sido madre. Empecé a mirar modelos con ilusión, pensando en vender el mío y así poderme comprar uno más nuevo y confortable.
Cuando por fin elegí el modelo que más me gustaba, estuve haciendo una búsqueda por kilometraje y precio en los concesionarios de toda España. Al final, vi dos coches del mismo modelo en dos concesionarios diferentes, con un precio asequible y unos pocos kilómetros recorridos. Finalmente, decidí comprarme el coche en el concesionario más cercano a mi ciudad.
Le pedí a mi padre que me acompañara, puesto que él entiende más de coches que yo, y fuimos a probar el coche de mis sueños. Me pareció perfecto, lo probé y enseguida me decidí a comprarlo.
El vendedor nos explicó el proceso de la compra venta y el tema de la garantía, todo lo que esta cubría. A partir de ahí, empecé el proceso de hacer un seguro a todo riesgo para tenerlo todo atado antes de llevarme el vehículo. Además, tenía que hacer una transferencia también antes de recogerlo.
Me estuve informando de ello y vi que ese era el procedimiento a seguir para comprar un vehículo. Por otro lado, vendí muy rápidamente mi coche, así que no tuve problemas para reunir el dinero necesario para comprar el nuevo.
A los días, fui a buscarlo con ilusión. Es cierto que ese día tenía prisa por recogerlo, estaba nerviosa por el hecho de tener que conducir tantos kilómetros un coche que no había conducido nunca y llevaba un largo viaje hasta llegar al concesionario.
Había salido del trabajo corriendo para poder coger el tren que me dejaría en la ciudad donde estaba ubicado, después tenía que andar un buen rato y llegaría justo casi para la hora de cerrar. Iba nerviosa y solo quería llegar, coger mi coche e irme. Al entrar, el vendedor me hizo firmar un documento por las dos caras en el que firmaba que me llevaba el coche que ya había pagado. Hasta aquí, todo bien.
Llegué a mi casa contenta por la compra y feliz de tener coche nuevo. Pero la felicidad duró poco tiempo, porque al día siguiente, llevé a revisarlo a mi mecánico de confianza, lo cual debería haber hecho antes de comprarlo, pero el concesionario estaba tan lejos que pensé que no tendría cómo hacerlo.
Al poco, mi mecánico me llamó con una mala noticia, me dijo que este coche tenía serios problemas de motor, y que para arreglarlo tendría que cambiarlo entero y que no sabía si merecía la pena por todo el dinero que debería gastarme en la reparación.
Había invertido mucho dinero en ese coche, pero entendí que al tener garantía de un año, no habría problema en llamar al concesionario para que me lo arreglaran.
Antes, busqué los papeles de la garantía que estarían en el mismo documento que había firmado. Y ahí estaba, en la garantía, en letra pequeña, mi firma aceptando que me llevaba un coche defectuoso de motor. Es decir, yo había firmado que me llevaba un coche prácticamente para tirar, en el mismo momento que firmé su recogida.
En ese mismo instante, no entendí cómo pude ser tan tonta de haber firmado de esa manera tan rápida, y me di cuenta de que había sido víctima de una estafa, yo, que al ver estafas de diferentes tipos por las noticias siempre he pensado que no podría caer en ninguna de ellas.
Cuando había mirado las referencias de ese concesionario en Google, no había visto referencias negativas, pero es que había muy pocas, supongo que de alguna forma habrían borrado las más antiguas y las cuatro positivas las habrían puesto ellos mismos.
Les llamé y evidentemente me dijeron que ellos no se hacían responsables de nada, que yo había firmado que me llevaba el coche defectuoso, a pesar de que ellos me dijeron que el coche estaba en perfecto estado y que no tenía ningún desperfecto.
Cuando se me pasó el disgusto, me puse a indagar por las redes y descubrí que muchos otros usuarios habían sido estafados por este concesionario de la misma forma. Conseguí contactar con alguno de ellos que enseguida quisieron unirse a la denuncia colectiva. Fue un proceso largo y duro, en el que pasamos desde atención al consumidor hasta coger un abogado.
Ya nos daba igual lo que tuviéramos que pagar, iríamos hasta el final.
Por suerte, después de un largo proceso en el que pasamos por todo tipo de momentos, conseguimos la devolución del dinero. El concesionario nos pagó. A pesar de que todo acabó bien, ese hecho me causó una pérdida de tiempo, dinero y salud mental que no voy a volver a recuperar.
Explico esta historia porque si alguna vez compráis un coche en un concesionario de segunda mano, tened en cuenta que puede que firméis la garantía cuando ya hayáis pagado el coche, y que tenéis que verificar antes qué entra en ella para que no os suceda lo mismo que a mí. Os ahorraréis muchos problemas.
