Mi ex era la persona más tóxica del planeta. Cuando empezó a salir conmigo, aún estaba con su ex (a mí me dijo que estaba soltero, pero de eso me enteré tiempo después). Cada vez que salíamos lo veía tontear con unas y con otras. Nunca llegó a liarse con ninguna —delante de mí, al menos—, pero se le veían las intenciones a la legua.

Yo, en aquella época, era una persona muy insegura y con la autoestima hecha puré, así que decidí comerme todas las banderas rojas y actuar como que no me daba cuenta de lo que estaba pasando a mi alrededor. Pero el tiempo que estuve con él vi y consentí muchas actuaciones que, ahora, me aterrorizan.

Más testimonios reales en whatsapp

Aunque, como ya he comentado, yo actuaba como que no me daba cuenta, llegó un momento en el que la situación se volvió un tanto descarada: se escondía para utilizar el móvil, cuando pasaba por su lado veía que estaba en WhatsApp, se iba todas las tardes “a casa de su tío” y volvía a la hora de cenar… pero no tenía forma de averiguar si mis sospechas eran reales o infundadas. Así que un día vi la oportunidad a huevo y no la desaproveché.

Partamos de la base de que mi ex no era el más listo de la clase. Para que os hagáis una idea, tenía que ir todos los meses al cajero para ver si había cobrado porque no sabía utilizar la app del banco. Al chico le venía justo. Así que un día, aprovechando que iba a estar en una zona sin cobertura, le pedí que me compartiese la ubicación por el buscador del iPhone por si le pasaba algo y poder ver por dónde iba. Le dije que, tras unas horas, la conexión se perdía, y se lo creyó.

Así conseguí tenerlo localizado y ver todos sus movimientos sin que él sospechase lo más mínimo de que seguía todos sus pasos. Es verdad que muchas tardes iba a casa de su tío soltero y pasaba allí buena parte del tiempo, pero no lo hacía todas las tardes. Muchas de ellas aparcaba por otra zona, lejos de casa de su tío, y se tiraba allí toda la tarde.

Yo le mandaba WhatsApps en plan: ¿cómo vas? ¿qué tal la tarde? Y él me contestaba como si estuviese en casa de su tío, cosa que yo estaba viendo que no era así. Hasta que un día decidí ir a la zona donde él estaba y esperarle en la calle. Estaba tan tranquilo, tan seguro de que yo nunca le iba a pillar, que bajó a la calle con la pava con la que estaba quedando, que —casualidad— era una conocida mía del pueblo. Cuando vio que los había pillado, no supo dónde meterse.

Ya no valía que me contase cualquier milonga. Los tenía delante y sin posibilidad de inventarse nada.

No hace falta que diga que lo dejamos ipso facto y le pedí que no volviese a escribirme jamás en su vida. Aunque me pidió perdón un millón de veces y me aseguró que solo había quedado con ella un par de veces (mentira: lo llevaba siguiendo bastante tiempo como para saber que no había sido algo ocasional), le dije que se olvidase de mí.

Sé, por amigos que tenemos en común, que aún no sabe cómo pude saber dónde estaba. Lo de que me compartió la ubicación hacía tiempo ni se acordaba. De hecho, lo seguí incluso tiempo después de dejarlo y ya pasaba más tiempo en casa de la otra que en la suya propia.

Nunca pillar una mentira de mi ex había sido tan fácil.