Como reza el título de este post, yo, declaro a mi pobre y maltrecho juju en huelga de tendencias aesthetic a partir de este momento.
¿Os habéis parado a pensar la cantidad de torturas y aberraciones que tienen que soportar nuestras pobres vaginas debido a la presión estética y al marketing?
Yo, de verdad que, desde hace algún tiempo, me siento totalmente desbordada y abrumada por la cantidad de necesidades que nos han creado las distintas industrias cosméticas y estéticas entorno a la apariencia y al “cuidado” de nuestras zonas nobles.
Hace ya unos cuantos años, se inició la tendencia de la depilación parcial de las ingles denominada “ingles brasileñas” con el objetivo estético de poder usar los bañadores y bikinis sin que asomara ningún pelillo traicionero.
No lo sabíamos, pero, aquello, fue el primer pasito hacía lo que hoy en día es “el culto a los totos”.
De ahí, repentinamente, llegó la moda de la depilación total, dejando a nuestros pobres jujus totalmente al descubierto, vulnerables e indefensos a merced de irritaciones, granitos, rozaduras, infecciones y demás calvarios como consecuencia de seguir a pies puntillas la moda.
No contentos con esto, también llegaría la moda de la depilación del pompis, los blanqueamientos anales, las vaginoplastias, las vulvoplastias, las reconstrucciones de himen, las mascarillas y los desodorantes vaginales, las depilaciones laser y un sinfín más de torturas medievales a las que, en mayor o menor medida, nos hemos ido sometiendo a lo largo de los últimos tiempos con tal de seguir las tendencias.
Porque, claro, acompañando a esta brillante estrategia de marketing que se lucra escandalosamente a costa de las inseguridades femeninas y de crearnos necesidades de la nada para vender más productos, también tenemos la presión social.
Cuando hablo de presión social, me refiero a ese juicio que emiten las personas sobre nuestra apariencia y las críticas a las que quedamos expuestas si decidimos no cumplir con los estándares establecidos por la industria.
Incluso, llegamos a un punto en que, algunas mujeres, llegaban a afirmar que se depilaban totalmente la vagina por higiene cuando es algo totalmente anti natural ya que, el cuerpo humano, esta diseñado de forma maravillosamente perfecta y tiene vello en aquellas zonas delicadas que requieren de protección, por lo que, al depilarte totalmente, estas dejando expuesta tu zona intima en lugar de protegerla y, no, la higiene, no se mide en si tienes más o menos vello, si no, en el respeto por tu PH, en la limpieza suave y respetuosa sin usar productos agresivos y en el uso de ropa interior que no irrite o dañe la piel de esa zona.
Por no hablar de la industria de la moda y sus tangas imposibles que parecen hechos por un sádico, llenos de tejidos sintéticos, encajes que raspan, hilillos que se te meten por el culo y prácticamente te van violando.
Y que decir de las microscópicas “bragas” (por llamarlas de algún modo) de las partes de debajo de los bikinis o esos bodys que se han inventado últimamente con el tiro alto que no puedes ni caminar con ellos.
¿Por qué tanta hostilidad hacia nuestros genitales?
¿Por qué tanta saña con nuestras parrusas?
¡Dios mío, es que yo no he visto ninguna mascarilla hidratante o peeling para las pelotas de los tíos!
¿Por qué toda esta presión por parecer la Barbie recae siempre sobre nosotras? ¡Dejad a nuestros chuminos tranquilos ya!
Son la fuente de la vida, son magia y son perfectos tal y como son.
Es que encima esas modas han llegado a tal punto que hasta condicionan nuestra seguridad en nosotras mismas y la forma en la que nos relacionamos sexualmente porque, claro, luego está ese momento en el que te desnudas frente a un hombre y resulta que te recrimina que no vayas totalmente depilada porque considera que eso es porque eres una descuidada y no va a asomarse a tu cueva si no te depilas.
Yo no digo que no recortes o podes un poquito el seto si te apetece y va contigo, pero el hecho de que condicione tus relaciones y te veas en la encrucijada de decidir si lo haces por imposición… eso ya no es ni medio normal.
Así que, amigas, yo digo:
¡¡Basta ya de torturar a nuestros chochos!!
¡Dejad de bombardearnos con mensajes de marketing intentando meternos en la cabeza necesidades ficticias!
¡Yo soy la dueña de mi cuerpo y de mi libertad y digo basta!
¡Hasta aquí!
¡Ninguna vagina más debe seguir sufriendo!
Así que os invito a todas a que os unáis a la rebelión de los papos y, si un tío no se quiere acostar con vosotras o no quiere comerse vuestro conejito porque no tenéis el chocho como la Nancy, que se depile él las pelotas con cera caliente ya veréis que risa.
Happy Gal

