Hoy me siento muy puta y no tiene que ver con el sexo

Siempre he sido una persona más bien retrógrada, clásica, antigua, como quieran llamarlo, en lo que ha relaciones se trata. Tal vez por la forma en la que me educaron, o porque siempre fui pudorosa en algunas cosas. 

No hablo de sexo, ni con mis amigas más íntimas y cuando ellas hablan, siempre me sonrojo y me siento como Charlotte cuando Miranda contaba sus escarceos y ella quería meterse bajo una mesa. Sí, aunque no lo crean, habemos muchas Charlottes en el mundo. 

Tuve mi primera pareja seria, por el camino algún que otro tonteo sin llegar a nada físico, bastante “mayor” (ya casi tocaba los cuarenta) y con él (mi ahora marido) tuve mi primera relación sexual. Lo que hubo entre nosotros fue magia o no me explico como yo, Doña Puritana, diera el paso con aquel hombre cuando solo nos habíamos visto cuatro veces…pero en fin, el amor es lo que tiene. 

Y no, no vengo aquí a hablar de amor, ni de sexo, ni de como me casé con mi primer y único novio como si fuera una señorita Bridgerton (cosa de la que no me arrepiento porque oye, si te toca el mejor premio a la primera, ¿para qué seguir probando?). Vengo más bien a contar como hay días en los que me siento muy puta y no, no tiene que ver con el sexo. 

Esta historia tiene más que ver con el trabajo, ¿a qué no lo parece? Con la profesión, con los sueños, con los estudios…Durante toda mi vida solo hubo una cosa que quise ser, una profesión que quería ejercer, que amaba y me apasionaba. ¡Una! Y bueno, estudié mucho, muchísimo y lo conseguí: tengo mi título precioso que me acredita como…¡mejor no lo digo! 

Sin embargo,  con el paso del tiempo me he ido dando cuenta que fui una completa idiota, quizá gilipollas sea la palabra correcta porque la mía, es una profesión que puede ejercer cualquiera, ¡¡joder y yo perdiendo años de mi vida y oportunidades de vivir por estudiar y formarme!! ¿Para qué? Para estar en paro mientras cualquier mindundi con suerte, con buenas influencias o que se mete en la cama o bajo la mesa de la persona indicada, ejerce esta profesión sin tener ni una mínima noción de cómo se hace.  

Cuando publiquen este artículo, me quedaré sentada y veré como los comentarios acusándome de titulitis me llueven y me dan, metafóricamente hablando, hostias como panes. Y los esperaré con toda la seguridad que tengo en mi misma de que sí, quizá algo de titulitis tengo, pero que ese título lleva impreso algo más que mi nombre y un “nombramiento”  está lleno de sueños (reales, no de estos de hoy me quito y mañana me pongo) de las esperanzas de una niña a la que vendieron la moto de que estudiar mucho y hacer las cosas por el camino correcto la iba a llevar muy lejos en esa profesión que tanto amaba. ¡¡MENTIRA!!! 

Está muy bien que se formen, sí siempre defensora de la educación, la enseñanza y el estudio, pero no mientan a los niños. A ti, mamá o papá que puedas estar leyendo esto: si tu hijo te dice “quiero ser….” Ten más miedo que si te dice que quiere ser artista. 

Pertenezco al gremio, a la profesión, más prostituida que existe, por eso digo que me siento muy puta. Una profesión que llama la atención, jugosa,  que muchos ven como oportunidad de ser reconocido y que el cine y la televisión se han encargado de romantizar mucho.  Y que cualquiera puede ejercer. ¡Dios nos libre, no te pongas a operar si no eres cirujano! Pero da igual si quieres pisotear esta profesión, ejerciendo sin más sin saber ni su ética, ni su deontología, ni sus conceptos básicos. 

Sí, hoy me siento muy puta, aunque me he acostado con un solo hombre en toda mi vida, porque hay otras formas de prostituirse o de ver como otros prostituyen una profesión que tu amas pero ellos ejercen. 

No sé si pensar que unos nacen con estrella y otros estrellados o que a todos los tontos se les aparece la Virgen…