»Instinto maternal intermitente». Este es el auto-diagnostico que me he otorgado ante la situación que estoy viviendo. O padeciendo, según se mire, porque a veces se me mete el runrún en la cabeza y de ahí no hay quien lo saque.
Cuando era niña, jugaba con mis amigas a un juego que consistía en adivinar con cuántos años nos casaríamos, con qué famoso, cuántos hijos tendríamos y con qué edad seríamos madres. En aquellos tiempos, llenos de risas y despreocupación infantil, decía cosas como «¡yo quiero tener ocho hijos!» ó «seré madre a los 27, decidido, porque después ya seré demasiado vieja». 
Pobre niña ilusa, ¡ni se imaginaba la que se le vendría encima veinte años después!

risa incontenible

Ahora tengo treinta y dos años y, según mi niña interior, debería haber sido madre hace cinco añazos y ya soy muy vieja (¡jah!).  Pero es que os aseguro que, hace cinco años, habría jurado que jamás iba a ser madre. Lo tenía transparente como el agua, tenía el instinto maternal en el mismo sitio que las avispas la aguja, en el culo. Pero es que si nos remontamos unos diez años más atrás, a mis tiernos diecisiete años, tenía clarísimo que quería tener familia numerosa. Cuando veía un carrito de bebé me enternecía tanto que casi lloraba de emoción, pensando en que algún día yo sería mamá.

embarazada

Y ahora, a mis treinta y dos, esas dos mujeres viven dentro de mí y cada temporada me posee una de ellas. Le doy tantas vueltas que me estoy volviendo loca, os lo juro. Hace un tiempo llegué a pensar que de verdad había algo mal en mí. A lo mejor me había estropeado por el camino, no entendía cómo podía ser que mi instinto maternal apareciese y desapareciese según el día, provocándome una total incertidumbre sobre mi deseo de tener o no hijos. Hasta que un día lo hablé con mi madre, mi abuela y algunas de mis tías.
Se echaron a reír y me dijeron que me calmase, que no me pasaba nada malo. Porque al parecer, esto que me pasa a mí, también le pasa a muchas mujeres. Ellas mismas lo habían vivido, esas dudas constantes les duraron a veces incluso después de dar a luz. Me hicieron entender que hay mujeres que tienen clarísimo si quieren tener hijos o no, pero que la gran mayoría de nosotras pasábamos por dudas y miedos. Que es un proceso natural y que no tiene nada de malo, que no por esos pensamientos intrusivos o dudas han sido peores madres ni han dejado de querer a sus hijos a más no poder. Al fin y al cabo, es un cambio vital tan grande y una responsabilidad tan abrumadora que a muchas nos hace sentir que estamos en la cuerda floja.

UF

Ante mi pregunta de cómo saber si debo tirarme a la piscina o no, me dijeron que eso se siente, que llega un momento en el que esas dudas se disipan un poco y empiezas a pensar más para un lado que para otro. Me aconsejaron tener paciencia y prestar atención a mis deseos sin dejar que los agobios de una posible maternidad nublen mis sentimientos, porque la maternidad nunca es fácil y hay que meditarlo bien antes de dar el paso, pero siempre sin dejarnos llevar por el miedo.
Lo cierto es que me quedé bastante más tranquila después de hablarlo con ellas. Espero que, si tú que me estás leyendo te encuentras en la misma encrucijada, esto te sirva para entender que tu instinto maternal intermitente no tiene nada de malo, es algo completamente natural.
Carol M.