Os quiero compartir la historia de Diana. Una chica que pasó 10 años currando en una empresa de mierda donde no la valoraban lo más mínimo, pero que aguantó porque le pagaban medianamente bien. Ella vivía con sus padres, era joven y no tenía responsabilidades a su cargo más allá de su perro. Así es como pudo ahorrar muchísimo todo ese tiempo, pues siempre tuvo un objetivo claro: Trabajar para ella misma.

Siempre había soñado con tener si propia empresa. Poder gestionarse ella misma, invertir su propio dinero sin depender de nadie y tomar sus propias decisiones para intentar triunfar. Tenía claro que no sería fácil, que le costaría mucho esfuerzo y que jugaba con mucha ventaja por poder contar con el apoyo de sus padres y partir de cero, pero con unos ahorros importantes. No arriesga lo mismo quien pierde ahorros que quien pierde la posibilidad de alimentar a su familia, por eso tampoco tiene las mismas opciones de ganar.

Esperó a estar segura, hizo varios estudios de mercado para encontrar el lugar perfecto para su negocio. Sabía perfectamente que necesitaba una gran presencia en internet, una plataforma accesible, sencilla y muy completa que le ayudase a abrirse al mundo.

Desde que contó su idea a la gente cercana a ella, un millón de veces quiso abandonar. Los gestos paternalistas de algunas personas le dolían más aún que los cometarios que eran directamente ofensivos (esos, al menos, los veía venir de frente).

Hubo quien le preguntó si estaba segura, si creía que valdría la pena apostar tantos años de esfuerzo por un “capricho”. Hubo quien la intentó convencer de que buscase un socio, pues eso ella sola no lo lograría nunca. Hubo quien le dijo que sentía ternura la oírla hablar, pues era como oír a un niño pequeño pedirle regalos a un señor con barba postiza a las puertas de un centro comercial, era muy cuqui, pero no dejaba de ser absurdo si lo pensabas bien…

Pero las únicas opiniones válidas para ella eran las de sus padres. Ellos la apoyaron siempre durante sus estudios. La animaron a perseguir sus sueños e incluso quisieron sacarla de aquel trabajo espantoso para que no le arruinasen la autoestima, pero ella insistió en que su autoestima solamente lo dañaría saber que renunciaba por motivos equivocados. Ellos la acompañaron en el proceso, la guiaron cuando se sintió perdida y la abrazaron fuerte cuando las preocupaciones y los pasos en falso la llevaron al llanto más primitivo. Por eso, porque siempre estuvieron ahí y porque la conocían perfectamente y sabían de su terquedad, su esfuerzo y su capacidad, era por lo que solamente su opinión era válida.

Ella me pidió que contase su historia para animar y apoyar a aquellas que, como ella, quieren vivir de su trabajo, tienen una idea y quieren llevarla a cabo. Ella abrió su empresa con una pequeña tienda física y un gran portal en internet. Me pidió, como hacéis muchas, que no contase sus datos reales y, por una vez en la vida me ha fallado la inventiva, no se me ocurre un negocio que contaros que no desvele su identidad y que pueda encajar aquí, pues si lo supiera lo abriría yo misma, así que tendréis que echarle imaginación.

Pero os cuento que cambió de almacén ya 4 veces, que tiene una gran presencia en redes sociales y que cuenta con un equipo a su cargo de más de 15 personas trabajando a tiempo completo. Lo invirtió todo en su idea. Apostó una vida des esfuerzo y lo regó con más esfuerzo todavía, pero ha ganado la apuesta. Es ahora una mujer emprendedora exitosa, como diría Nathy Peluso una “Business woman”.

Varias de esas personas que le dijeron que se dejase de sueños y se pusiera a trabajar como hace todo el mundo ya le han pedido trabajo, otro le pidió un préstamo directamente y muchos siguen con sus comentarios condescendientes e intentando hacer de menos su mérito. “Ten cuidado, no te confíes, mira a Fulanito, que tan bien le fue con el negocio y ahora vive en la calle”. Porque pocas cosas molestan más que ver a alguien que tiene éxito después de hacer lo contrario de lo que tu le aconsejaste.

Ella dijo que no de forma lo más asertiva posible a todas esas peticiones, pues no es rencorosa pero no soporta rodearse de envidias. Por eso tiene éxito también. Hay que aprender a decir que no sin culpa, y esa lección la llevaba aprendida de casa.

Me ha alegrado mucho hablar con ella y saber de su éxito. Es genial de vez en cuando poder escuchar a alguien contar una historia con un final justo y bonito.

 

 

Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.

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