Todas sus amigas le dijeron que era mala idea, que eso no podía acabar bien. Creyó que su caso era diferente, que su relación podría con todo…
Chus llevaba con su novio apenas 9 meses cuando decidieron buscar un embarazo. Estaban muy enamorados y, dada su edad y que ambos querían ser padres, no querían esperar más y que luego se les echase el tiempo encima.
La suegra de Chus no estaba muy presente. No era alguien que apareciese en casa sin llamar ni que preguntase muchos detalles de la vida de su hijo, pero sí sabía que era una mujer con carácter y le molestaba un poco que su forma de “pedir favores” fuera llamar a su hijo y darle la orden de qué tenía que hacer, cómo, cuándo y dónde, sin admitir un no y sin tener en cuenta que ellos podían tener planes.
Cuando esto sucedía, si su novio cedía, todo iba como la seda, si le decía que no podía, se enfurruñaba, pegaba unas voces por teléfono, pasaba un par de semanas sin invitarlos a comer, y se le pasaba cuando volvía a pedir algo y le decían que si.
Cuando le dijeron que estaba embarazada se sorprendió bastante. Nunca había creído que su hijo tuviera intenciones de ser padre. Había salido de una relación de más de 10 años y no habían mencionado jamás el tema y se le hizo extraño ver que en tan poco tiempo se hubiesen tirado a la piscina.

Siguió siendo una suegra distante, pero cada cosa que le ellos decían en casa, en confidencia, ella lo propagaba a los cuarto vientos. Cuando le dijeron que era un niño, ella se emocionó. Solamente tenía un nieto, pero hacía dos años que no se hablaba con su hija y su yerno, así que no tenía contacto con él. Chus sintió que le quería decir que su hijo sustituiría a su otro nieto y no le sentó bien, pero no le dio mayor importancia.
Al día siguiente de saber el sexo del bebé, les llevó la lista de nombres de donde debían sacar el de su nieto. Así lo había hecho con su otro nieto. A Chus no le gustó su habitual manera de imponer las cosas, pero es cierto que uno de aquellos nombres le había gustado mucho y fue el que ambos eligieron.
Su suegra contó a toda persona que quiso oír que había elegido ella el nombre de su nieto. Que esta vez la verían ejercer de verdad, que su hijo sí la dejaría sacar al recién nacido de paseo, no como su hija, que no quiso despegarse de él los primeros meses.

Estando a punto de dar a luz, a su novio le ofrecieron un ascenso en su empresa. Le esperarían a que volviese de su permiso de paternidad, pero al volver debía cambiar sus turnos de trabajo y la conciliación se le ponía bastante complicada.
Les subieron el alquiler del piso, pues ahí era donde ella vivía desde hacía 5 años y, al acabar contrato, su casera decidió que o admitía una subida de 150 euros o reclamaría el piso y no le renovaría el contrato.
Todas las cosas que tenían más o menos seguras, se volvieron inestables en un momento, en el peor, justo cuando ella estaba ya fuera de cuentas.
Su suegra ofreció la solución. Que fueran a vivir con ella. Ella les ayudaría con el bebé y no tendrían que pagar alquiler. Podrían ahorrar para pagar la entrada de un piso en un par de años.
Ellos, agobiados por la celeridad de todos los acontecimientos, dijeron que si y, mientras ella caminaba para intentar que su bebé se encajase, su novio se encargó de la mudanza a casa de su madre.
Todo sería más sencillo. Tendrían ayuda experta cerca y quien les hiciese de comer esas primeras semanas tan difíciles.

Las amigas de Chus le dijeron que no lo hiciera, que era un error, que no saldría bien, pero su suegra había estado tan dulce las últimas semanas con ella, que realmente creyó que era buena idea.
El bebé nació. Fue un hermoso niño sano. La casa a la que fue al salir del hospital no estaba todavía adaptada a la llegada de un bebé, pero todavía no metería los dedos en enchufes ni se caería contra la esquina de la mesa del salón. Al hacer este comentario en broma, su suegra (muy seria) dijo que en su casa no iba a poner nada de eso, que a sus hijos no les había pasado nada sin tanto remilgo.
Empezamos bien…
Tras una semana de convivencia los 5, su suegra salió a tomar café con unas amigas. Ellos no habían dormido nada en toda la noche y ella les había compadecido por la mañana. No llegó hasta medio día y, al ver que ni su hijo ni su nuera habían preparado la comida, les empezó a gritar. Que si es hora de comer, que si yo no vengo aquí no come nadie, que si no es un hotel…
Las cosas no fueron a mejor. La señora había convencido a su nuera de cuanto los ayudaría con lo difícil que son las primeras semanas, pero ella no solo no ayudaba, sino que siempre les dejaba enormes listas de tareas que debían hacer. Plancha, cristales y todo tipo de cosas.
Vale que en una convivencia todo el mundo debe aportar, pero es que le parecía mal verlos sentados sin hacer nada y pasaba el día quejándose. Ella, recuperándose de un embarazo largo, un parto complicado e iniciando una lactancia difícil, ambos lidiando con las noches sin dormir, los cólicos, etc, y su madre pegando voces porque no se le hacía caso en su propia casa.

En cuanto al niño, ni miraba para él. Pero si venía visita, era la abuela del año. Le cambiaba el pañal, ponía verde a su nuera por no dejar que le diera un biberón (“otra como mi hija” decía) …
El novio de Chus salió una tarde a junto de sus amigos, pues no los veía hacía casi dos meses y quería respirar. Otro día podrían hacerlo ella… Solo que ese otro día no llegaba y si novio, cada tarde desaparecía una o dos horas para ir al bar. “Necesito desconectar”, decía.
Y así Chus, sin dormir, con los pezones agrietados y estando en una casa que tenía claro que jamás sería su hogar, se veía pasando las tardes con su suegra, que le explicaba por qué lo estaba haciendo todo mal y criticando a su propio hijo por estarse yendo al bar “como hacía cuando vivía aquí”. Claramente huía de su madre, pero quizá debía habérselo pensado antes de llevar allí a su nueva familia, quizá debía priorizar ahora a su hijo y su novia antes de huir así cada día.

Cuando el bebé cumplió 4 meses, él se incorporó al trabajo. Chus enlazó vacaciones y más cosas pendientes y no se reincorporó hasta que estaba a punto de cumplir 6. A los 8 meses, aquí está Chus, con sus cosas y las del bebé metidas en maletas, viviendo en casa de una amiga mientras encuentra donde vivir.
Su suegra ya ha contado a todo el mundo que la madre de su nieto es una maniática y quedó muy sensible. EL padre de la criatura dudo mucho que se haya dado cuenta de que se fueron.
Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.
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