Mi mejor amiga me sorprendió con un propósito curioso las pasadas Navidades: se había planteado el celibato y la sobriedad. Es una decisión personal que no atañe a nadie más que a ella misma, pero quiso explicarme los motivos para abrirse sobre cómo se sentía. No tenían nada que ver con un “neopuritanismo” repentino.

Ella despierta el interés allá donde va porque tiene unas cualidades físicas que entran en los principales cánones de belleza. Llama mucho la atención por cómo es, cómo viste y lo muchísimo que sonríe todo el tiempo. Ha tenido relaciones sexuales esporádicas durante años, algo que ha disfrutado y le ha compensado hasta el momento, pero ahora el cuerpo le pide otra cosa.

Resulta que, últimamente, mi amiga ha tenido problemas de autoestima. La validación de esas cualidades que más se perciben de ella está bien, pero ¿qué hay de lo demás? ¿Qué hay de su inteligencia, de su empatía y capacidad de escucha o de su generosidad?

Para colmo, no ha encontrado siempre la comprensión de su entorno. Tiene amigas que llaman menos la atención y han sufrido el hecho de que los chicos que les gustan se fijen en mi amiga antes que en ellas, así que no la entienden. Creen que la alta autoestima debe ser algo inherente a las cualidades que tiene mi amiga, y poco derecho tiene a quejarse. De hecho, hace poco una de sus amigas le confesó que estaba cansada de ser “la amiga buena gente” para todos los tipos que se les acercan.

El desliz

El propósito le duró un mes. Un viernes cualquiera, de esos que ni vas a salir y te acaban dando las tantas, acabó tonteando con un tío al que medio conocía. Cuando se iban a despedir en la puerta del pub se dieron un beso, pero ella se negó a acompañarlo a ningún sitio. Se mantuvo firme ante la insistencia de él.

Al día siguiente, contándomelo, me dijo que se sentía mal por haberse sido “infiel” a ella misma y a lo que se había propuesto. Le dije que no se torturara, que no era para tanto y que había logrado poner límites. Lo que la hacía sentir mal era saber que, realmente, ella no le gustaba a aquel tipo. Es posible que ella solo le pareciera atractiva, pero si le había metido cuello era porque no tenía nada más a lo que hincarle el diente aquella noche. Y es precisamente ese nivel de cosificación con lo que mi amiga ya no se está sintiendo cómoda. Se siente utilizada como “quitacalenturas”.

Como colofón final a este breve desliz, el tipo se pasó todo el día siguiente hablándole por Instagram a una de sus amigas más cercanas, que también estaba en el pub aquella noche. Vamos, que confirmó las sospechas de mi amiga y hurgó en su pequeña de herida de autoestima.

Autoestima

El movimiento

Poco tiempo después de aquella conversación, me topé con un artículo que compartí con mi mejor amiga inmediatamente. Resulta que, sin saberlo ella, está formando parte de una “tendencia” que ya siguen personalidades desde Drew Barrymore a Terelu Campos, que hace poco dijo que lleva 9 años sin acostarse con nadie. Tanto las célibes voluntarias como los expertos entrevistados coincidían con los argumentos que me había dado mi amiga, así que entiendo que hay mucha gente que se siente como ella.

Hace mucho que dejamos atrás esa visión tan constreñida y censora que tiene la religión del sexo, con la que muchas nos hemos criado. Dejamos de sentirnos mal por acostarnos con quien nos daba la gana cuando nos daba la baja, bajo unos límites éticos (o no). Pero ¿pasamos a dejarnos el autocuidado por el camino?

Quizás hemos cedido demasiado ante la idea de que la frecuencia de relaciones sexuales es sinónimo de éxito social, o ante la necesidad de validación continua de nuestras cualidades. Yo mismo sufro la lástima de mi entorno cuando confieso que me cuesta tener más de un polvo a la semana.

Mi amiga, sin pensarlo demasiado ni ser consciente de ello, ha iniciado un detox con el que va a eliminar estímulos externos para centrarse en ella misma. No va a robarse a sí misma energía pensando en qué le contesta a ese que le está escribiendo, o si quedar con aquel otro que lleva días insistiéndole. Se va a “forzar” a no tener relaciones para asegurarse de que está centrada en ella misma: en lo que necesita, en lo que quiere y en su propio placer.

Cuando no te faltan oportunidades, y ni siquiera has dejado de disfrutar del sexo con otras personas, tomar una decisión tan aparentemente radical me parece maduro y sensato. A veces, imponerse una norma para eliminar lo accesorio y centrarte en ti es muy necesario.

¿Os forzarías a dejar de tener sexo temporalmente por algún motivo? ¿Creéis que es una decisión que se toma libremente, o siempre hay un motivo detrás (falta de autoestima, falta de oportunidades, miedos, inseguridades…)?