Hace unos quince años, cuando llevaba dos saliendo con Carlos, mientras dormíamos, le sonó el teléfono. Observé que tenía un mensaje de una chica llamada Sonia. No lo leí, solo vi su nombre en la pantalla. Cuando Carlos se despertó le pregunté quién era Sonia y por qué yo no sabía nada de su existencia. Me dijo que era simplemente una amiga de la infancia.

Sé que no fue ético, ahora seguramente afrontaría mi desconfianza de otra manera, pero en un momento de descuido, cogí su móvil y memoricé el número de aquella chica.

Recuerdo perfectamente que al salir de su casa esa misma mañana, desde una cabina, llamé a Sonia. Le pregunté de qué conocía a Carlos y sin contestarme, me preguntó que quién era yo. Yo le dije que era su novia y ella me increpó que Carlos no tenía novia. Nos pusimos a hablar y me explicó que ellos dos llevaban un tiempo viéndose y acostándose, pero que en ningún momento ella sabía que tenía pareja. No me lo podía creer. Le pedí que me mandara sus mensajes a modo de prueba y los leí mientras lloraba desconsoladamente dándome cuenta de lo evidente. Cuando confronté a Carlos lo negó todo hasta que le dije que había leído todos los mensajes. En lugar de pedirme perdón, se dedicó a llamar a Sonia para insultarla. Evidentemente, mi relación con Carlos se acabó en ese preciso instante.

Sonia y yo seguimos hablando de vez en cuando, ella me animó mucho en la ruptura haciéndome ver que merecía a alguien mejor y yo la aconsejaba en torno a sus asuntos, afianzando así nuestra relación. Al cabo de un año, Sonia me invitó a su fiesta de cumpleaños. Y fui. Fue la primera vez que nos vimos en persona. Enseguida, conectamos muchísimo. Ella es seis años más joven que yo, y después de años de quedadas, risas, confidencias, y apoyo mutuo, se convirtió en la hermana pequeña que nunca tuve. 

Han pasado muchos años desde aquello, y estoy muy contenta de que Carlos tuviera un lío con Sonia, porque me deshice de una persona que no me merecía y a cambio conocí a mi mejor amiga. En poco tiempo voy a casarme con un hombre maravilloso, y Sonia va a ser testigo en mi boda. 

 

Estoy orgullosa de nuestra amistad porque lejos de culparnos la una a la otra al saber que Carlos estaba con las dos, nos apoyamos, nos consolamos, no nos juzgamos y lejos de competir por un hombre, la sororidad hizo que estuviéramos en el mismo bando. Supongo que nuestra amistad no habría sido posible si realmente Sonia hubiera sabido que Carlos tenía pareja y aun así hubiera sido su amante.

Entiendo que el culpable de la infidelidad siempre es el infiel, pero no podría forjar una amistad con alguien con unos valores tan diferentes a los míos. En este caso, las dos, fuimos víctimas de un hombre sin escrúpulos que jugó con nuestros sentimientos. Esa relación ya forma parte de mi pasado y he aprendido mucho después de todo aquello. Pero en todo caso, solo hay una cosa que puedo agradecerle a Carlos, haber conocido a mi mejor amiga.

 

Anónimo

Envía tus movidas a [email protected]