La semana pasada oí a una amiga de mi hija rechazar una patata con la frase «No, que me pongo gorda». ¡2 AÑOS!
Canal de mamis y niños en whatsapp, vente
Estábamos en casa, merendando tranquilamente. Mi hija, que tiene dos años, estaba sentada con una amiga suya, un poco mayor pero todavía sin llegar a los tres.
Había patatas fritas en la mesa, y en un gesto que me pareció muy tierno, mi hija cogió una y se la ofreció a su amiga.
La otra niña la miró muy seria y le dijo: “No, que si como patatas me pongo gorda”.

Yo me quedé un segundo en silencio y luego me salió reírme. No una risa de burla, sino esa risa un poco incrédula de cuando algo te sorprende mucho. Pensé: ¿de verdad estamos ya aquí? ¿Con menos de tres años?
Se lo conté enseguida a su madre, con bastante naturalidad. Aunque le podría haber dicho tranquilamente «¿Te parece normal que tu hija con dos años esté desarrollando esta relación con la comida?» o «¿Qué coño le dices a tu hija para que responda así?» Que habría sido más fiel a mi forma de pensar.
No entiendo como a día de hoy, que conocemos las consecuencias de ciertas conductas, no somos capaces de inculcar en nuestros hijos valores e ideas que realmente suman y construyen humanos con humanidad.
No fue una conversación tensa ni mucho menos. Simplemente le dije lo que había pasado, porque me parecía importante que supiera que ese tipo de mensajes ya estaban circulando entre niñas tan pequeñas. No quise señalarla ni mucho menos porque es verdad que las niñas con esta edad replican comentarios que escuchan en cualquier lugar.
Lo mismo eso de «no, que me pongo gorda» lo ha oído en el parque y ahora tocaba soltarlo en la hora de la merienda.
No sería justa si juzgara a una madre compañera por algo así, pero si que podía responsabilizarme de esto en mi terreno.
Por eso, después vino la parte que para mí era más importante: hablar con mi hija.
Obviamente, con dos años no puedes dar grandes discursos, pero sí puedes plantar pequeñas semillas.

Le expliqué algo muy simple: que estar gorda, estar delgada o no estar ni gorda ni delgada es solo una de las miles de formas que puede tener nuestro cuerpo. Ninguna es mejor que otra. Las personas somos diferentes y eso está bien.
También le dije que la comida no está para castigarnos ni para asustarnos. La comida está para darnos energía, para ayudarnos a crecer, para mantenernos sanos… y también para disfrutarla. Comer unas patatas con amigas puede ser, simplemente, algo divertido.
No sé cuánto de todo esto entendió en ese momento. Pero aun así creo que vale la pena decirlo.
En casa, de hecho, nos ha servido para algo más grande que esa escena concreta. Ha sido una oportunidad para hablar —entre nosotros y con las niñas— de cómo responder a comentarios sobre el cuerpo, sobre la comida o sobre lo que “está bien” o “está mal”.
Porque esos comentarios van a aparecer: Desgraciadamente antes de lo que pensamos.
Y si algo tengo claro es que prefiero que mis hijas crezcan sabiendo que su cuerpo no es un problema que tengan que arreglar.
Y más importante: que una patata frita o cualquier otra comida nunca debería venir acompañada de miedo.