Siento decepcionarte cariño, pero este no es el típico artículo de una psicóloga, un pediatra o un terapeuta de pareja.
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No te voy a dar cinco pasos para criar hijos felices ni diez trucos para que tu relación sobreviva a la maternidad. Yo soy una madre un poco frustrada que ha aprendido a base de caerse y volverse a levantar.
Esto es simplemente la reflexión de MOI…una madre que tiene dos hijos pequeños y que, si pudiera viajar unos años atrás, tendría una conversación muy concreta con mi señor marido antes de empezar esta gran aventura.
Nosotros nos lanzamos, así.. ala a lo loco, sin paracaídas ni plan B. Nos queríamos, llevábamos tiempo juntos, nos hacía ilusión formar una familia y pensamos «Pues adelante…¿Qué puede salir mal?»
Como si el amor fuera suficiente para resolver todo lo que viene después… ¡Qué chiste! Ya te adelanto la conclusión: No lo es.
Con el tiempo he descubierto que muchos de esos vídeos que ves en redes sociales diciendo que «antes de tener hijos hay que hablar mucho» tienen parte de razón. Vamos a ver… algunos están hechos para hacerse virales y llenar los bolsillos del influencer de turno.
Pero detrás de tanto titular también hay algo de verdad y es que aun que hablar sobre bebés sea menos divertido que hacer bebés… a día de hoy, me he dado cuenta de que es INDISPENSABLE.
Nosotros tuvimos hijos sin hablar de las cosas realmente importantes: ¿Quién se va a levantar por las noches? ¿Quién va a pedir el permiso o reducir su jornada si el niño se pone enfermo? ¿Cómo se van a repartir las tareas de casa? ¿Quién va a llevar el control de las citas médicas, del colegio, de la ropa que ya no le vale, de los cumpleaños, de los papeles, de las vacunas?

Porque si nadie lo habla, normalmente ocurre algo muy curioso: Todo eso acaba recayendo sobre una sola persona ¿Adivina quien? MOI, YO.. Señora madre y salvaguarda de su casa.
Y luego está el dinero… porque nos encanta eso de «Donde comen dos comen tres o cuatro» ¡JA! y una mierda que te comas!
Los hijos cuestan dinero ¡Mucho más del que imaginas!
Sin contar enfermedades que necesiten de especialista o necesidades puntuales como leche especial o tratamientos especiales, cuenta con: pañales, escuela infantil, colegio, ropa, actividades, médicos, cumpleaños, vacaciones… Suma y sigue nena, los niños cuestan dinero y eso es más cierto que el hecho de que los pedos salen por el culo.
Tener un hijo también implica tomar decisiones económicas importantes y es mucho mejor hacerlo cuando todavía no estás agotado, durmiendo cuatro horas al día y comiendo las sobras de un plato que se pega con ventosa a la mesa.
Pero quizá la conversación más importante ni siquiera es esa ojo… Algo que me parece esencial es: hablar de cómo queremos educar.
¿Qué cosas son innegociables para cada uno? ¿Cómo vamos a poner límites? ¿Queremos fomentar su autonomía o tendemos a resolverles todo? ¿Vamos a hacer eso de Montessori? ¿Qué hacemos cuando tenga una rabieta? ¿BLW o puré y potitos como toda la vida? ¿Y cuando uno piense una cosa y el otro otra?
Porque cuando tu hijo tiene tres o cuatro años y empieza a ponerte a prueba, no es el mejor momento para descubrir que cada uno entiende la crianza de una manera completamente diferente…Y mucho menos para discutir delante de él.
No creo que exista un manual para ser padres, cada niño es un mundo, algunos son mundos muy desquiciantes… Pero sí creo que existen conversaciones que pueden evitar muchos conflictos en el día a día y hacer la vida más sencilla y más llevadera.
Si algo he aprendido es que: tener hijos significa o debería significar construir, entre dos, la forma en la que esa persona va a crecer y se va a desarrollar…
Y aunque muchas veces estas conversaciones parecen tener cero sentido…visto con perspectiva, esa conversación es probablemente una de las más importantes que una pareja tiene en toda su vida.
