Mi padre es el tío más fantástico encima de la tierra. Es divertido y currante y nos ha colmado siempre a mi madre y a nosotras de todo lo material que ha podido y sobre todo de amor, mucho amor.

Han ido pasando los años y sin darnos cuenta, este año cumplió 65. Está bien de salud, aunque tiene sus pequeños achaques que entiendo que son normales con su edad.

El otro día fui a visitarlos y aprovechó que mi madre estaba comprando para decirme que tenía que hablar conmigo. Me sentó muy serio y me dijo que quería hablarme de su funeral. Como es un cachondo mental le seguí el rollo pensando que era una broma, pero cuando llevábamos 5 minutos hablando de lápidas, de flores y del seguro, me percaté de que no estaba de coña. Me puse seria y le dije que qué me estaba contando, que no podía creer que estuviera preparando algo así. Él me cogió de las manos, me miró a los ojos y me dijo que la muerte era una parte de la vida y que él quería vivir mucho, pero que para cuando llegase el día quería dejarlo todo preparado.

La verdad es que me dejó noqueada, pero terminé de escuchar todo lo que quiere, por puro respeto. De hecho, al zambullirme en el mundo de los funerales, he descubierto que hasta existen empresas que se dedican a eso, a organizar funerales en vida, de manera que el futuro fallecido se asegura de que se van a cumplir todas sus últimas voluntades cuando llegue el día.

Además de tener claro todo el tema del tanatorio, de su misa, su lápida y demás, me ha dado unas directrices claras, como su primogénita que soy, sobre temas económicos y cuentas, sobre unas joyas que tiene guardadas e incluso me ha dado la contraseña de una caja fuerte que tiene, de donde en su día deberé coger una carta que nos va a dejar a cada una. Me entran ganas de llorar de sólo pensarlo.

Siempre ha sido una persona organizada y controladora, pero no sé, me parece el colmo querer controlar hasta lo que pase una vez muerto. Aparte, me sabe fatal hablar de esto porque en mi mente es como que mis padres son personas eternas que nunca me van a faltar, y este golpe de realidad me ha perturbado, la verdad. Incluso me he planteado que haya podido descubrir que tiene una enfermedad terminal o cualquier cosa y no nos lo quiere decir, aunque él jura que no y que sencillamente quiere dejarlo previsto, pero yo ya estoy intranquila con esto.

No sé, desde entonces no paro de comerme el coco. No entiendo qué gana poniéndose ya en ese escenario que yo no quiero ni imaginar ni nombrar. Pero él necesita una persona de confianza para que llegado el momento todo se haga como él quiere, de manera que finalmente he aceptado, por más macabro que me parezca.

 

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