Navidades de 2024. Avisé a mi familia de que les llevaría yo el postre. Mi hermano, con el que siempre me llevé fatal y, ya de adultos, tenemos una relación cordial, principalmente por nuestros padres, dijo que no daría regalos, sino una noticia bomba.
Encargué una tarta, en la que pedí que grabasen «El año que viene habrá un sitio más en la mesa». Estaba embarazada y, aunque de muy poco, quería compartirlo con mi familia. Cuando saqué la tarta la noche de fin de año, mi familia estalló en aplausos, gritos y alegría; era la mejor noticia que podía darles. En menos de 5 minutos mi madre ya estaba organizando todas las prendas de punto que iba a hacerle y mi padre ya estaba pensando en cuándo podría llevarlo al parque y a la playa.
Mi hermano interrumpió el momento, tenía algo muy importante que decirnos. Mis padres pararon su frenetismo para escucharle. Se casaba. En 7 meses. Con su novia actual, que conocía de apenas 3 meses. Un flechazo, supuestamente. «La persona con la que quiero pasar el resto de mi vida, lo sé desde que la vi», dijo.
7 meses. Haciendo cálculos, es cuando yo iba a dar a luz. Miré a mi marido con cara de pánico: mi fecha de previsión de parto era aproximadamente para el 17 de julio. Mi hermano tenía la reserva para casarse el 12 de julio. Mis padres se miraron entre ellos. Aun así, mi madre le quitó hierro al asunto, diciendo que, siendo primeriza, lo más probable es que fuese del 17 en adelante.
Durante meses mi hermano pulió los detalles finales de su boda. Mis padres no sabían a qué atender: estaban apurados ayudando a mi hermano, pero también querían estar presentes en mi embarazo. Además, trataron de esforzarse en conocer a la prometida de mi hermano, que apenas conocían de saludarla en un par de ocasiones.
La fecha se acercaba, mi bebé estaba en un percentil 80, era bastante grande y yo una mindundis; parecía que estaba embarazada de trillizos. A inicios de julio, con muchísimo calor y con mi cuerpo que solo pedía estar acostada, empezó a subírseme la tensión.
Mi hermano estaba taquicárdico con que «le iba a joder el día». A mí la situación solo me ponía más nerviosa. Mis padres no sabían de quién estar pendiente. Por una parte, su hijo se casaba en 5 días, y, por otra, tendrían a su primer nieto previsiblemente en 10.
La segunda semana de julio me mandaron ir cada día a monitorearme y ver la tensión. Cada día estaba un poco más alta. El día 10 de julio mi tensión era de 180/120, altísima. Mi vida y la de mi hija corrían peligro. Me dijeron que tendría que ingresar en ese momento para iniciar la inducción. Avisé a mi marido para que viniese corriendo con la bolsa del hospital. También avisé en el grupo de WhatsApp de mi familia, donde estaban mis padres y mi hermano.
Mis padres llegaron antes que mi marido al hospital. Mi hermano se salió del grupo de familia, dejando como último mensaje: «siempre tienes que joderme mis momentos». Mis padres me quitaron el móvil y dijeron que no me preocupase de nada: la prioridad era que mi hija naciese, y bien.
Esa misma tarde inició la inducción. No voy a dar muchos detalles, pero como mi hija estaba mal encajada y por mucho que pujase no salía, acabó al día siguiente en cesárea de emergencia.
Mi hija llegó al mundo a las 07:28 del sábado 12 de julio de 2024. Mi hermano se casaba el sábado 12 de julio a las 12:00.
Mis padres no habían pegado ojo; aun así, fueron corriendo a la peluquería y a vestirse para llegar a tiempo a la boda de mi hermano. El cansancio les pudo, por lo que, al finalizar la comida y empezar la fiesta, tuvieron que irse a descansar.
Mi hermano desde entonces no me habla: primero, por joderle el día; porque mis padres estaban demasiado cansados para estar «conscientes» el día de su boda; y porque nuestra familia, que había asistido, estaba también pendiente del móvil para saber las noticias mías y de mi bebé.
Mientras todos degustaban una buena mariscada, yo por fin me podía comer el bocadillo de jamón que tantos meses llevaba esperando. Era la mejor forma de celebrar que mi hija había llegado bien a este mundo (y que por fin me libraba del ácaro de mi hermano).
