Mi prima Marga siempre fue una chica muy atractiva. No solo era guapa de cara y tenía un tipazo, sino que además siempre ha tenido una personalidad arrolladora, es inteligente y una buenísima persona. Marga empezó a salir con chicos aproximadamente a los 15 años, los típicos novietes de juventud. Pero según fue creciendo, fue pasando más y más de parejas estables y optando por rolletes esporádicos. Los pocos chicos de los que se había enamorado o eran unos inmaduros o eran muy inseguros y empezaban a dar vueltas sobre si querían algo serio o no, hasta que mi prima se cansaba y los mandaba a tomar por saco.
Luego estaban, claro está, los que trataban de ‘’camelarla’’ para colgarse la medallita de haberse liado con ella, sin darse cuenta de que para ella no eran más que un tío más con el que echar un polvo y después si te he visto no me acuerdo. En definitiva, estaba cansada de tíos celosos y de tíos que la trataban como un trofeo, así que iba de flor en flor y no se comprometía con nadie.
Hasta que a los 24 años conoció a Guille, uno de los socios propietarios de varios locales de hostelería de la ciudad. Al principio, Guille no fue para ella más que alguien con quien se liaba de vez en cuando. Pero cuando quiso darse cuenta, llevaban más de un año en una relación prácticamente de pareja
Quedaban para ir al cine, para tomar café, la invitaba a su casa y preparaba cenas especiales, le llevaba el desayuno a la cama, hacían escapadas juntos… Vamos, que el poquito tiempo libre que tenía lo dedicaba enteramente a ella. Sólo había un problema, y no era el escaso tiempo que el trabajo le dejaba: Guille tenía 39 años y una hija de 3. Mi prima lo sabía desde el primer momento, pero no había ningún problema.
Guille y su ex compartían la custodia de la niña de mutuo acuerdo y Marga entendía perfectamente que cuando la niña estaba con su padre, este dedicaba todo su tiempo a pasarlo con ella. Al fin y al cabo, no era intención suya ni casarse con él ni ser la madre de una niña que ya tenía madre.

Casualmente, a nadie le había supuesto problema la diferencia de edad ni de estados vitales hasta que más de un año después hablaron y llegaron a la conclusión de que para ser una pareja a esas alturas sólo les faltaba colgarse la etiqueta y empezaron a referirse entre ellos como tal. De repente, ella era una cría insensata y él un viejo aprovechado que seguramente sólo buscaba sexo y una niñera para su hijo. Cuando en ningún momento Marga se había hecho cargo de la niña, es más, Guille y ella ni siquiera quedaban cuando la peque estaba en casa.
Fue pasando el tiempo y su relación se fue consolidando día a día a pesar de las críticas. Los amigos de él decían que no podía pretender algo serio con una chica tan joven, que no tenía suficiente madurez. Las amigas de ella bromeaban llamándola ‘’asalta-asilos’’, y más en serio le advertían que se andase con ojo, no fuera a acabar convirtiéndose en la criada de aquel señor. Ella les decía que no se preocupasen, que seguía tan centrada en su carrera como siempre y que era muy pronto para hablar de irse a vivir juntos.
Curiosamente, sus padres y yo, en contraposición con el resto de la familia, no teníamos ningún problema con su relación. A mis tíos Guille les caía genial y tanto ellos como yo la veíamos mejor que nunca. Era la primera vez a lo largo de su vida sentimental que la veíamos realmente feliz con la persona que tenía al lado. Guille la apoyaba muchísimo en sus estudios, estaba a su lado cuando lo necesitaba, era para ella alguien con quien reír, llorar y pasar las horas muertas. Mientras que el resto de chicos con los que había tratado de tener algo serio, de su edad o como mucho un par de años mayores, no habían sabido ver en ella más que un cuerpo y una cara bonitos.
Han pasado casi diez años desde que empezaron a salir. Marga terminó la carrera y tras un tiempo vagando por curros insustanciales consiguió trabajo de lo suyo. Podría haber pedido trabajo a Guille para salir del paso mientras tanto, pues nunca venía mal un camarero más, pero ella nunca quiso trabajar para él y él tampoco se lo ofreció nunca. No sé si lo llegarían a hablarlo, pero habría sido raro y ambos siempre tuvieron muy claro qué espacios eran comunes y cuáles eran propios.
También podría haberse ido a vivir con él mucho antes de lo que lo hizo, pero ella quería esperar a tener un trabajo estable para no depender de él, y él no sólo lo respetó, sino que la admiraba por ello. Todo esto daba igual, a pesar del tiempo que llevaban juntos y de que lo habían hecho así, cuando dieron el paso de irse a vivir juntos hace unos tres años volvieron a llover las críticas. A ella le decían que iba a tirar por tierra todo su trabajo, que iba a verse relegada al hogar y al cuidado de la hija de él. Mientras que a él le decían medio en broma medio en serio que si acaso no tenía bastante con una hija para adoptar a otra.

También hubo quien trató de persuadir a mi prima de que si quería casarse y tener hijos ya podía buscarse a otro, pues seguro que él no quería volver a ser padre. A lo que ella se limitaba a responder que sus planes de futuro eran cosa de ellos y sólo de ellos.
Cuando decidieron irse a vivir juntos, quedó con Guille y con su ex pareja, la madre de su niña. Los tres explicaron a la pequeña Mayra que Marga, a la que había conocido como una amiga de su papá, iba a vivir ahora con ellos. Pero que su mamá siempre iba a ser siempre su mamá, aunque eso sí, cuando estuviera en casa de su papá tenía que hacer caso a Marga. La niña, que tenía 7 añitos, lo entendió bastante mejor que los adultos.
El año pasado se casaron, y durante el brindis anunciaron que estaban esperando un hijo. Todo el mundo aplaudió y los felicitó, pero muchos agacharon la cabeza cuando prosiguieron su discurso. Mencionaron que allí estaban, siete años después, habiéndose dado el ‘’sí quiero’’ y esperando un hermanito para Mayra a pesar de las críticas y los desplantes que habían tenido que aguantar.
Por parte entre otras muchas personas de amigos y familiares que aquel día brindaban por ellos. A día de hoy son una preciosa familia formada por ellos dos y por Mayra y su hermanita Vera, cada una de una mamá distinta pero ambas queridas y educadas por un papá y dos mamás que las adoran. Mi prima trabaja en el área legal de una empresa y Guille sigue con sus negocios, compartiendo cada momento como el primer día pero ahora acompañados de sus pequeñas.