Habíamos quedado tres veces. En teoría era el tercer encuentro, ese en el que ya sabes si sí o si te inventas una excusa para desaparecer porque la cosa no acaba de cuajar.
Con Marco ya habíamos tenido dos citas decentes. La primera con cañas y la segunda con beso. Tenía un algo. Ese punto de tío medio sensible que dice que le gusta leer y ver pelis francesas. Sí, lo sé.
El caso es que la tercera cita llegó en mal momento. No tenía muchas ganas de salir, la verdad. Ese mismo fin de semana había muerto el perro de mi hermana, que era como nuestro. Llevaba en la familia 12 años. Dormía con nosotras cuando vivíamos juntas. Le daba mis sobras de pizza a escondidas. Bueno que para mi fue un animalico muy importante y la verdad que estaba tocada.
Así que yo, con el alma floja y el rímel medio borrado del llanto me dije: venga, sal. A lo mejor liberas un poco de muerte, a lo mejor te ayuda. A lo mejor follar te resetea el corazón. Pos va a ser que no.
La cita empezó rara. Yo estaba en otro planeta. Pero justo, cosas de la vida, va el tipo y saca el tema perros. Que si él tuvo uno, que si era un golden, que si qué ternura… Y yo me rompí. No pude evitarlo. Empecé a llorar pero a llorar con mocos y todo. Y cuantos más mocos me caían, más angustia me daba y más lloraba.
Y entonces, sin previo aviso, este señor, en mitad de mis lágrimas, empezó a meterme mano.
Así. Tal cual.
Yo llorando y él bajando la mano por mi muslo como si mis mocos colganderos fueran la señal de ‘oh sí nena, hagámoslo ahora’.
Me aparté rápido y le dije:
—¿Tú estás bien?
Y me contesta:
—Es que me pareces muy vulnerable ahora… estás muy guapa así.
No recuerdo muy bien qué más dijo porque en ese momento mi cerebro gritaba peligro peligro peligro.
Salí de ahí lo más dignamente que pude, me fui directa a casa y abracé el cojín de mi sofá como si fuera el perro que ya no tengo.
Cometí el error de no bloquearle, y a los dos días recibí un mensaje suyo que decía algo así como que lo sentía, pero que tenía una filia incontrolable que le hacía excitarse si veía a una mujer guapa llorar. Bloqueé y acto seguido busqué en Google. Dacrifilia parece que se llama. Y yo no sé si Marco tenía eso o no, pero la verdad no me quedaron ganas de quedarme a averiguarlo.
Mujeres del mundo: llorad, pero elegid bien delante de quién.
Anónimo
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