Llevo casada y muy feliz 8 años. Mi marido es un tío genial, tiene sus cosas como tenemos todos, pero en general podemos decir que formamos un buen tándem, somos felices y nos lo pasamos muy bien juntos. Yo a él lo quiero mucho y él cada día me demuestra, a su manera, que es recíproco.
Pues bien, nos mudamos y cambié de gimnasio. Al principio lo de siempre, un poco cortada y demás por no conocer a nadie, pero al final como cada uno va a lo suyo, pues sin mayor problema.
Empecé a hacer crossfit. La gente que íbamos siempre a la misma hora hicimos mucha piña. Con los meses empezamos a ser un grupo de amigos, y quedábamos para tomar algo al terminar las clases y demás.

Había un tipo bastante atractivo que me hacía ojitos, lo noté desde el primer momento. El chaval era un cuerpo diez pero es cierto que después era más bien soso y no tenía una gracia especial. Cuando salíamos en grupo intentaba siempre sentarse cerca para hablar conmigo, y en las clases, me ayudaba con algunas cosas, lo que suponía cierto contacto físico entre él y yo.
Admito que, en un momento de pareja a lo mejor más bajo, me ilusioné un poco con este maromo, ahora no entiendo cómo, la verdad. Empezamos a hablar por WhatsApp y se me fue la cosa de las manos con el tonteo.
Ese hombre no le llega a mi marido ni a la suela del zapato y además era una persona con la que no tenía, ni quería, ningún futuro, por lo que fue una cagada súper grande poner en riesgo mi relación por alguien que al final no significaba nada. Pero el roneo, la atracción, el juego, me pudo. Sólo era tonteo por el móvil, pero lo suficiente para que fuese una gran falta de respeto.
Mi marido no es nada celoso, tenemos una relación muy libre donde dejamos los móviles a la vista siempre y no hay secretos en ese sentido. Yo por entonces, sabiendo que no estaba bien lo de hablar con este chico, estaba pegada al móvil y me metía con él al baño y a la ducha por si me escribía. Aun así, yo creo que mi marido no se percató de nada porque confiaba absolutamente en mí, cosa que ahora pienso y me pone muy triste.
A los pocos días mi pareja me pidió el móvil para mandarse unas fotos y me puse muy tensa. Quise morirme cuando justo en ese momento saltó una notificación del tipo del crossfit diciéndome que me echaba de menos. Él no abrió la conversación y me devolvió el móvil con cierto desprecio. Le dije que era un compañero de crossfit, que era una broma, intenté arreglarlo, pero cuanto más hablaba, más la cagaba.

Mi marido me miró fijamente y me pidió que le dijera la verdad. Fue entonces cuando le enseñé la conversación completa donde se veía perfectamente el tonteo pero también que entre nosotros no había pasado nada. Mi marido me pidió un tiempo para pensar qué hacer con aquello que en ese momento sentía, y por unos días pensé que me moría si finalmente me había cargado mi matrimonio por aquella ida de olla.
Afortunadamente mi marido me perdonó y a día de hoy somos felices, aunque él aún necesita algo más de tiempo para recuperar toda la confianza que depositaba en mí.
Es importante que antes de meter la pata, valoremos hasta qué punto merece la pena poner en riesgo lo que tenemos. Ojalá pudiese yo dar marcha atrás y borrar ese episodio de mi vida.