Toda mi vida me había burlado de todos aquellos que se refugiaban en la religión o en cualquier tipo de fe cada vez que tenían un problema. Mi madre, que siempre ha sido una persona bastante creyente, me decía que nunca se sabe qué batallas está librando cada quien, que tener fe en algo cuando uno está en apuros es, además de humano, necesario. Y sólo fui capaz de entenderlo en uno de los momentos más difíciles de mi vida.

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Mi chico y yo llevábamos buscando ser padres tres años. Después de intentarlo de manera natural y aconsejados por mi ginecólogo, optamos por recurrir a la inseminación artificial. Al principio estábamos súper ilusionados, con mucha fe en que todo saldría bien, que aquel camino sería corto. Sin embargo, a medida que los resultados de embarazo negativos se fueron sucediendo uno tras otro con cada una de las cinco inseminaciones a las que me sometí, me sentía tan agotada física y emocionalmente que quise tirar la toalla. Cada negativo era un mazazo para nosotros.

Los médicos no sabían con exactitud el motivo por el cual el embarazo se nos resistía tanto, ya que todas las pruebas médicas estaban bien por ambas partes. Después de tomarnos un descanso, decidimos que seguiríamos intentándolo, aunque sabíamos que el siguiente paso sería aún más invasivo y agotador. Y es que desde el primer momento, los médicos nos avisaron de que enfrentarse a un ciclo o varios de fecundación in vitro era muy duro, una carrera de fondo para la que había que estar mentalmente muy preparado. Aun así, quisimos continuar e ir a por todas. A pesar de que hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos e incluso el equipo de embriología dijo tener buenas expectativas, el primer ciclo también fue negativo.

No daba más, estaba total y absolutamente desquiciada. Sentía que no tenía fuerzas para continuar, era como si alguien se hubiera llevado todas mis ganas de luchar. Sólo quería dormir y llorar todo el día. Fue entonces cuando una amiga me habló de una mujer, una ginecóloga especializada en fertilidad, reproducción asistida y mil millones de cosas más. Tenía bastantes miles de seguidores en redes sociales. Sinceramente, estábamos tan rotos y desesperados que pensamos que no perdíamos nada por contactar con aquella mujer.

La primera vez que hablamos por videollamada sentí una conexión muy profunda con ella, como si realmente me conociera y supiera por lo que estaba pasando mejor que nadie. Nos explicó que contaba con un equipo de nutricionistas, psicólogos, embriólogos y un largo etc., gracias al cual me quedaría embarazada sin dudarlo. Y supongo que me aferré a la posibilidad de que aquello fuera cierto, porque necesitaba creerlo, porque mi cuerpo y mi mente no podían soportar otro ciclo ni otro negativo, así que empezamos a trabajar con ella.

Ninguno de los dos había meditado en la vida, pero si nos hubieran dicho que para ser padres teníamos que caminar a la pata coja y con los ojos cerrados, lo hubiéramos hecho igual. Era tal el deseo de ser padres que no veíamos nada raro en todo aquello y lo hacíamos con ilusión. Sin embargo, ya habíamos pagado alrededor de quinientos euros, los meses seguían pasando y nuestro ansiado positivo seguía sin llegar. Todo cambió al tercer mes, cuando una de sus embriólogas se marchó y otra mujer ocupó su lugar. Fue esta misma quien nos puso al corriente de que aquella coach no era más que una estafadora que se aprovechaba de la desesperación de los demás para hacer negocio.

Nos dijo que como profesional, no había tardado ni dos días en darse cuenta de que aquella mujer no era ni siquiera ginecóloga y que iba a denunciarla. Nos pusimos a investigar por nuestra cuenta y comprobamos que todas las dietas supuestamente personalizadas eran puros copia y pega de la primera página web que aparecía en el buscador. Pero lo más heavy fue corroborar que ni siquiera estaba colegiada, que ejercía como médico sin serlo en absoluto; que no sólo había cometido delito de estafa sino que además, falsedad documental e intrusismo laboral se sumaban a la fiesta.

Gracias a la ayuda de la embrióloga que nos puso en alerta, pudimos ponernos en contacto con otras chicas y parejas que también habían sido estafadas por esta falsa experta en fertilidad y todos decidimos denunciar. A día de hoy, mientras esperamos fecha para el juicio, esta persona sigue ejerciendo como supuesta profesional de la medicina, aprovechándose de la ilusión de las personas, jugando con el miedo de no ser capaz de lograr algo tan bonito como traer un bebé a este mundo.