Emergencia vital en la playa
Trabajé en el servicio telefónico de emergencias de una ciudad costera, llamada pongamos Narnia, en el turno de mañana, durante una temporada.
Para trabajar en un sitio así hay que estar hecho de una madera especial. No, no es por las emergencias que hay que tratar. Desengañaros. Más del 90% de las llamadas que se reciben no son ni emergencias, ni urgencias, ni casos graves. La gente usa este tipo de servicios para todo menos para lo que han sido creados. Hasta para consultar la hora he atendido llamadas. A lo que me refiero es que debes tener una paciencia sin límites y una imaginación para interpretar lo que te cuentan que raye en la ciencia ficción.
En mi ciudad, las fiestas patronales se disfrutan mucho. Pero mucho. Hay un montón de actividades y la gente acaba desfasándose lo que no está escrito. Así que, si te toca trabajar la mañana después del día grande de las fiestas, prepárate, porque, desde las 6.45 de la mañana que entras, vas a estar recogiendo borrachos hasta la una del mediodía. Ah, y las llamadas no entran avisando que hay un borracho en vía pública, no. Llaman, algunos asustados, avisando que hay una persona inconsciente o muerta en vía pública. Pero los “buenos samaritanos” no se acercan para comprobar qué pasa, no vaya a ser que se contagien. Así que, si no hay más datos, hay que enviar a una ambulancia medicalizada para cubrir la posibilidad de que sea verdad, aun sabiendo que será el enésimo borracho.
En fin, entro de guardia ese día, un poco puteada, no lo vamos a negar, porque no pude disfrutar de la fiesta por irme a dormirme temprano, ya que tenía que madrugar.
A las 6.50 me entra la primera llamada. Un señor, en evidente estado de embriaguez por tal como habla, empieza a gritarme. Intentad imaginar la conversación de él con voz de borracho.
¿Emergencias? ¡Corran, mi amigo está muy mal, no me responde! ¡Yo creo que está muy grave, seguro que se está muriendo! Corran, por favor.
(Madre mía si el que llama ya va mal, cómo debe estar su amigo para que que éste diga que está mal.)
A ver caballero, dígame dónde se encuentran para que pueda enviarles una ambulancia.
¿Eh?
Que dónde están.
En Narnia.
(Vale, al menos no están en la Luna.)
¿En qué lugar de Narnia?
En la playa. ¿Pero van a venir ya o qué? Que mi amigo cada vez está peor.
¿En qué playa están?
¿Eh?
¿En la playa “A”, en la playa “B”, en la playa “C”…?
¡Pues en la playa de Narnia!
(Madre mía…)
A ver caballero, Narnia tiene muchos kilómetros de playa. ¿No sabe en qué playa están?
¿Eh? ¡Yo qué sé! Pero vengan ya, que si mi amigo se muere va a ser por su culpa.
Cuando empiezan a echarme la culpa, no vamos bien. Aquí he de reconocer que mi mal humor empezaba a hacer acto de presencia y mi voz estaba subiendo un par de tonos, así que como la sala estaba aún bastante tranquila, el resto de compañeros estaban con la oreja puesta para ver de qué iba la llamada que yo estaba atendiendo. En fin, ha llegado el momento de tirar de galones que te da la experiencia y de la imaginación que os he comentado.
Veamos, deme un punto de referencia, para ver si puedo descubrir en qué playa de Narnia está.
¿Eh?
A ver si se gira, ¿qué ve?
¡Agua!
(Aquí me levanto ofuscada y grito, sin entender:)
¿¡Agua!?
En ese momento, todos mis compañeros se empezaron a reír porque ellos si estaban entendiendo lo que mi ofuscación no me permitía. Hasta que entendí.
¡¡¡Para el otro lado!!!
(Aquí yo pensé, como me diga arena voy hasta donde esté y me lo cargo.)
No sé, no sé, es que yo tampoco estoy bien.
(Mira, no me había dado cuenta…)
Empecé a nombrar sitios emblemáticos que estuviesen cerca de la playa, comenzando por la zona en la que más actos se celebran en fiestas. Tuve suerte, al tercer sitio que dije, mi interlocutor lo identificó, lo estaba viendo relativamente cerca.
Le dije que enviaba a la ambulancia a ese punto, que estuviese atento, y que cuando viese las luces de la ambulancia, fuese a buscarlos para guiarlos hasta su amigo.
Spoiler. No, su amigo no estaba muerto, ni grave. Estaba durmiendo la mona, borracho como una cuba. Resumen, trabajo bien hecho, otra vida “salvada”.
Morticia Adams

