Yo tenía 14 años cuando empecé a salir con Adán, un chico colombiano que vivía en mi barrio desde hacía bastantes años. Él tenía 17, casi 18. Creo que no hacen falta más detalles para que sepáis que tal fue la relación, pero os contaré un poco:

Yo era muy inocente, algo obvio a esa edad, y con la autoestima muy baja porque estaba bastante rellena. Para mí, Adán fue mi primer amor. Me monté una película yo sola en la que Adán venía a ser el príncipe azul que vino a salvarme, a quererme, y a adorarme. Me creía que estaba viviendo en un cuento de hadas…pero desde luego no fue así.

Más temas potentes en whatsapp, vente pincha aquí

Un tiempo después, me di cuenta del abuso y de lo mal que me trató. Al principio como siempre todo fue muy bonito, pero después empezaron los malos gestos, las malas caras por casi todo, los celos, el control, y demás.

Recuerdo perfectamente el día en que perdí la virginidad con él. Estábamos en casa de él, que estaba sola, con varios amigos suyos, que rondaban su edad. Estuvimos un par de horas tomándonos algo, hablando y riendo. Él y sus amigos bromeaban “conmigo”, pero en realidad eran comentarios hirientes, humillación camuflada.

Poco más tarde, no sé con qué excusa, Adán me llevó a su habitación. Nos besamos y una cosa llevó a la otra. Como era mi primera vez, yo no sabía muy bien qué hacer ni cómo hacerlo, así que hice lo justo. Adán me hizo de todo a su antojo, a pesar de no haberme notado lo más cómoda del mundo con todo aquello. Al final, acabamos haciéndolo en un misionero de toda la vida.

Cuando salimos de su habitación, sus amigos, entre vítores y risas, le preguntaron que qué tal la cosa, a lo que Adán respondió “pf…me he follado a una momia” delante mía. Risas.

Ya os podéis imaginar cómo me sentí.

Aun así, seguí con él.

Con el tiempo, Adán y yo empezamos a quedar mucho más y a formar nuestro grupo de amigos más cercano con mis mejores amigos de toda la vida, Juan y Jessica, y Maribel, la madre soltera de Juan que tenía 40 años pero que vivía en los eternos quince.

Teníamos muchísima confianza entre todos, y siempre quedábamos juntos. Maribel era muy cariñosa con Adán, pero yo siempre lo ví como un gesto maternal. A mí me decía que le encantaba Adán, que era un chico estupendo y que le gustaba para mí. 

Un día, quedé a solas con mi amigo Juan para echar la tarde. Era verano y hacía mucho calor. Llevábamos dos o tres horas en la calle y nos moríamos por algo fresquito, así que nos entraron ganas de comernos un Polo Flash, pero ninguno teníamos dinero. Así pues, Juan me dijo de ir a su casa a por el dinero, que me invitaba. Fuimos y subí con él para, ya de paso, hacer pis y beber un poco de agua. Me dijo que su madre no estaba en casa.

Sin embargo, mientras bebía agua, escuché un gemido. No le hice caso.

Nos íbamos a ir ya, pero le dije a Juan que esperase un momento, que iba a hacer pis. Lo vi algo nervioso, estaba raro.

Cuando terminé, tiré de la cadena y me dispuse a salir del baño. En ese mismo momento, vi, al final del pasillo, a Adán saliendo de la habitación de la madre de Juan. Y a ella, saliendo detrás, despeinada y en bragas y sujetador.

Mi cara fue indescriptible.

Me puse a llorar y pregunté qué estaba pasando. Las caras de póker eran dignas de ver. Me intentaron mentir, no sé con qué cara tan grande, con una excusa tan imbécil que ni me acuerdo.

Maribel bajó la mirada hacia el suelo, todo el rato. Adán intentó ir tras de mí, pero obviamente no dio resultado. Juan no pareció muy sorprendido. Le pregunté si lo sabía y me dijo que sí. Me pareció una traición horrible, más que la que acababa de vivir. Me dijo que no me lo quería decir para no hacerme daño, y que además su madre y Adán se lo habían hecho prometer.

Yo flipé.

Mandé a Adán, a Maribel y a Juan a la mierda, y me fui de allí. Ninguno vino tras de mí. Lloré desconsoladamente ese día, esa noche, y no sé cuántos días más.

Una semana y pico más tarde, Juan vino para hablar conmigo y pedirme perdón. Lo perdoné. Cerca de un mes después, su madre hizo lo mismo. Como era pequeña, tonta, buena, e ingenua, la perdoné, aunque después me enteré de que aquello entre ellos había continuado unos meses más.

En fin, Gracias a Dios esto sirvió al menos para quitarme de en medio al Hdp de Adán, aunque no fue la mejor manera, pero mira, no hay mal que por bien no venga. Terapia de choque.

Con Maribel la cosa se fue enfriando y quedándose en una relación meramente cordial. Aquello al menos también nos sirvió para alejarla del grupo de quinceañeros.