Yo nunca he sido crédula para estas cosas.
Cuando la gente me contaba experiencias paranormales, yo era muy escéptica. Siempre le veía el lado racional y encontraba la manera “real” en la que eso podría haber sucedido. Tampoco había tenido ninguna experiencia que me hiciera dudar de lo contrario, hasta que me visitó mi abuela.
Más testimonios reales en whatsapp, vente
Mi abuela había fallecido hacía cinco años. Tuvo una vida muy plena, con muchos nietos, y llegó con buena salud a su vejez. Se fue a una edad avanzada. Empezó a tener infecciones de orina, que desencadenaron en problemas de riñón, infecciones más graves, perdió el apetito, dejó de comer y finalmente, murió.
Fue doloroso para todos, pero nos quedó el consuelo de que había vivido una vida feliz y, en sus últimos momentos, no sufrió. Se apagó en cuestión de dos semanas y tuvimos tiempo a despedirnos de ella.
Con todo esto vengo a decir, que, pese a la pena, no fue una muerte traumática ni nada por el estilo, que me hubiera tenido a mí obsesionada o preocupada, ni había ningún motivo especial para que soñase con ella.
La noche que me visitó, era una noche normal. No era aniversario de su muerte, cumpleaños, ni ninguna fecha especial. Tampoco había estado pensando especialmente en ella o había visto o leído algo que me hubiera hecho rememorar todo. Era una noche completamente normal. Hasta que me desperté.
¿Sabéis esa sensación de que algo va mal? ¿De que hay “alguien” que te está mirando? Yo tuve esa sensación, pero acompañada de una tranquilidad que no se explicar. Y en cuanto abrí los ojos, instintivamente recorrí toda la habitación buscando a quien fuera que me estaba causando eso.
Y aquí, viene lo más raro.
En la habitación no había nadie. Bueno, no veía a nadie, pero tenía la certeza de que sí que había alguien. Podía notar perfectamente como había alguien cerca de mí, pero no estaba nerviosa ni asustada. Estuve así unos segundos, hasta que, aun no se porque, comprendí que era mi abuela.
Todo esto pasó muy rápido y no se explicarlo bien, pero de verdad que estaba segura. No habló conmigo ni yo con ella, al menos en voz alta, tampoco me tocó, simplemente la notaba.

Mientras estaba procesando todo, de repente un recuerdo resonó en mi cabeza. Recordé a mi abuela diciéndole a alguien que tenía que ir al médico, la visualicé achinando los ojos como cuando no aceptaba que le replicasen y repitiéndole a alguien que no conseguía recordar, que fuese al médico.
Justo después de eso, sentí que ya no había nadie.
Me quedé en silencio, repasando lo que acababa de ocurrir. Intenté dormirme, pero me costó muchísimo, y al día siguiente, sin saber exactamente qué iba a decirles, fui al médico.
Nunca me había pasado nada así y de verdad que soy muy escéptica, pero lo viví con tanta claridad, que tampoco podía negarlo.
Cuando me atendieron, solo supe decirles que algo no iba bien, que no sabía exactamente el qué, pero que algo no iba bien.
Me preguntaron si tenía dolor y les dije que no, que lo que sí que me pasaba es que estaba cansada y tenía dolores de cabeza, pero lo achacaba a dormir mal.
El médico me hizo varias preguntas y entonces caí en que llevaba ya un tiempo durmiendo mal, muy cansada y que incluso algunos días, veía borroso temporalmente, sobre todo al despertar.
Después de esto, decidieron hacerme un examen neurológico, al que le siguió una resonancia y finalmente, me detectaron un meningioma.
Un pequeño tumor, aparentemente benigno, había aparecido en mi cerebro.
Tras el susto inicial, el médico me aclaró que en el 90% de los casos son benignos, que por la forma que tenía, el mío parecía serlo, y que, de momento, íbamos a observar su desarrollo mientras reducíamos los síntomas con medicación, para ver que tal avanzaba.

Salí de allí nerviosa y agradeciendo haber venido. Fui a casa de mis padres a contarles todo, incluido el sueño. Pensé que me iban a tratar de loca, pero no fue así. De hecho, fue mi padre el que me dijo, que, si en el sueño recordaba intentar dormirme, quizás no estaba soñando.
Estuve tomando la medicación y todo mejoró durante un tiempo, pero luego los dolores de cabeza pasaron a ser más intensos, y tras una evaluación, el médico concluyó que estaba en un sitio muy accesible y que valía la pena operar.
Me sometí a la cirugía y le hicieron una biopsia al tumor, confirmando que no era maligno, así que no hizo falta radioterapia.
El médico nos contó que pese a ser un tumor benigno, podría haber causado problemas graves de no haberse tratado a tiempo, derivados de presionar determinadas áreas. Así que haberlo cogido a tiempo, fue crucial para la recuperación.
A día de hoy, aunque no sé explicarlo bien, tengo muy presente la sensación que tuve y como me sentí cuando me visitó mi abuela.
Me gusta pensar que me está cuidando y velando por mí. Gracias a ella, pudimos tratar a tiempo algo que no sabía ni que existía.
Envía tus movidas a [email protected]