Mi madre y yo teníamos una buena relación, siempre nos hemos llevado bien y nos hemos apoyado en todo. Hace un par de años, mi madre conoció a un hombre y se enamoró. Yo me alegré mucho por ella, llevaba tiempo sola y pensé que encontrar a una persona que la cuidara la iba a hacer rejuvenecer y sentirse viva otra vez.
Desde que murió mi padre, estaba bastante triste, y no levantaba cabeza.
Al principio, el señor me cayó bien. Parecía estar mucho por ella y si mi madre era feliz, yo también. Pero poco a poco, mi hermano y yo empezamos a ver actitudes raras; ya no quedaba con sus amigas casi nunca, siempre que decíamos de vernos, ella ponía alguna excusa.
Lentamente, fue alejándose de nosotros, y a pesar de que intentamos hablarlo con ella, simplemente nos dijo que ahora tenía menos tiempo y que debíamos entenderla.
Alguna vez que quedamos con ellos dos, noté la forma en la que él nos miraba. Lo hacía con desprecio y nunca jamás nos preguntó nada sobre nosotros, era como si no le importásemos ni un poco.
Intenté hablarlo con mi madre, de forma delicada, y mi hermano también lo hizo pero ella decía que eran imaginaciones nuestras, que simplemente él era una persona cerrada y que no tenía nada en contra nuestra.
Otras veces que quedamos, su actitud ya no fue simplemente ignorarnos, empezó a hacernos comentarios negativos, criticaba cualquier cosa que decíamos y a mí empezó a tratarme con indiferencia y superioridad.
Mi hermano fue el primero en no acudir más a ninguna comida, yo seguía yendo porque no quería que nada ni nadie se interpusiera en la relación que siempre había tenido con mi madre. Pero cada vez los comentarios de su pareja hacia mí eran más desagradables, se notaba que yo no le gustaba, y no sabía ni por qué.
Cuando se lo comenté a solas a mi madre ella me confirmó que yo no le gustaba a su pareja, pero que eso no iba a interponerse entre nosotras, que lo sentía, pero que ahora él era alguien demasiado importante en su vida porque a ella la trataba muy bien y que simplemente lo que podíamos hacer era vernos nosotras sin que él estuviera presente.
Yo acepté pero no entendía por qué ella no se imponía y le hacía saber que nosotros somos lo más importante para ella, para así entonces poder intentar cambiar su actitud, aunque igualmente acepté vernos a solas.
Sin embargo, cada vez las quedadas iban espaciándose más, y el nivel de sumisión de mi madre fue creciendo. Creo que en el fondo el miedo a decepcionar a su nueva pareja, le hace vivir cohibida hacia nosotros.
Mi madre vive a dos calles de mi casa, y hemos pasado de vernos casi todos los días a vernos una vez al mes.
Cuando estoy con ella, es tan maravilloso como siempre y nuestra complicidad no ha cambiado, pero siento que nuestra relación ya no es la misma desde que está con él. Creo que una buena pareja siempre intentará llevarse bien con los seres más queridos del otro, en este caso, sus propios hijos y que si no es así, no es una buena pareja.
