Fátima es una mujer de unos 47 años. Fue madre a punto de cumplir los 40 y vive su maternidad de forma muy intensa. Tras todos los esfuerzos que pasó para que ese embarazo saliera adelante, los años de espera, de tratamientos fallidos y de muchas pérdidas y lágrimas derramadas en silencio, cuando su hijo llegó decidió dejar unos años de trabajar para poder disfrutar de su niño a tiempo completo.

Ella pasaba los días con su niño, llevándolo a todas partes que podía. Era raro el día que no se la vía cargando con juguetes de todo tipo hacia el parque. Si había un concierto infantil, allí estaba; si anunciaban una obra de teatro, allí iba; exposiciones, cursos de manualidades, grupos de teatro infantil… A todo lo que pudiera ir con él, iba. El niño estaba feliz.

Cuando su bebé nació, su prima iba de vez en cuando a verla con su hija, que era un poquito más mayor. Su prima era la típica persona que te frece todo, pero luego no te da nada. Desde el principio le ofreció las cosas que le iban quedando pequeñas a su niña, como por ejemplo la minicuna, que ya no la usaba cuando su niño nació, la bañera de bebé, el adaptador de la silla de coche (porque habían comprado la misma), alguna ropa, incluso pañales. Siempre le decía “Me tengo que acordar de traerte…” Pero nunca se lo traía. Eso sí, no tardaba un día en llamar su tía a su madre para contarle todo lo que le iba a prestar su hija a la prima.

A ella no le importaba. Tras haber esperado por la minicuna un mes y que viera que no tenía intención de traérsela y cuando se ofrecía a ir a buscarla siempre ponía excusas, pasó de todo y siguió comprando sus cosas sin contar con ella. ¿si lo traía? Genial, y si no, no contaba con ello y punto.

El caso es que hacía un tiempo su prima había empezado a unirse a los planes de Fátima y su hijo. Iban con ellos a todo. A la asociación de su barrio (a pesar de ser de otro no muy cercano) a hacer manualidades los martes, al parque de al lado de su casa… A todo.

Era algo extraño, pues la abuela de la niña siempre se quejaba de que la niña no salía nunca de casa, solamente para ir a otras casas. Que nunca la llevaba al parque ni al cine. De pronto tanta actividad era sorprendente, pero la niña se veía feliz.

Tras tres meses de planes compartidos, la prima de Fátima le contó que estaba embarazada de nuevo. Tendría un bebé en 5 meses como máximo. Fátima la felicitó y se alegró mucho por ella. Sabía que ella y su marido tenían ganas de ampliar la familia.

Cuando llegó a casa y le contó a su marido la noticia, él, que es muy desconfiado, le dijo que con razón había estado llevando tanto a la niña con ellos al parque, y es que lo hacía para que ahora, cuando naciera el bebé, tuviera ya un hábito con ellos y se la “empaquetase” a ella todas las tardes. Fátima le dijo a su marido que era demasiado retorcido y no le hizo ni caso.

Sin embargo, no pasaron ni dos semanas cuando la prima de Fátima comentó que tenía que ir a hacerse una prueba al hospital justo el día que los niños tenían teatro y que no quería que se perdiese cosas tan pronto por su futuro hermanito, porque no le cogiera ya celos. Así que Fátima le dijo que, de paso que llevaba a su hijo, la llevaría a ella sin problema.

A la semana siguiente, el día que tocaba teatro, la prima de Fátima le dejó a la niña en el portal después de comer y le dijo desde abajo “Gracias Fa, la recojo por la noche”.

¡No habían acordado nada! Solamente la semana anterior por la cita médica, pero esa tarde no.

La tarde de teatro ya quedó como rutina, excepto un día que Fátima no podía llevarlos y le preguntó a su prima si los llevaba ella, a lo que dijo que, en su estado ya tan avanzado, no se atrevía a ir con dos niños. Así que llevó a su hija, pero no al niño de Fátima.

Cuando el bebé nació, su prima se saturó. Empezó a decir que ahora su niña estaba acostumbrado a mucha actividad y que ella necesitaba estar tranquila con su bebé en casa.

Sin darse apenas cuenta, Fátima se vio pasando cada tarde en el parque de al lado de casa de su prima con la niña y su hijo hasta que llegaba la hora de retirarse. La niña no quería ir al parque, quería estar con su mamá, pero cada vez que se lo comentaba a su prima ella le decía que eran los celos normales en estos casos y seguía dejando a su niña todo lo que podía a cargo de Fátima.

Fátima sentía mucha pena por aquella niña, pero cada día los berrinches y pataletas en el parque eran mayores y no sabía ya qué hacer. No era que ella tuviera celos por su edad, porque es lo habitual… ¡Es que realmente no le hacían ni caso! Al salir del cole la recogía la abuela y la llevaba a su casa a comer, por la tarde la abuela se la dejaba a Fátima en el parque con la mochila de la merienda y no iban para casa hasta las 8, que le daban la cena y la acostaban, aunque fuera verano y no tuviera que madrugar.

Fátima se preocupaba mucho por la niña y decía “es que a la pobre, si no la llevo yo y le hago caso yo, no miran para ella”. Pero ahora, que su hijo empezaba la primaria, llegaba el momento de volver a la vida laboral. Su antiguo jefe supo que buscaba trabajo y no tardó un día entero en ofrecerle su antiguo puesto con mejores condiciones, pues era la mejor empleada que había tenido.

Las tardes eternas de parque pasarían a ser menos, pues ella tenía mucho menos tiempo libre. Cuando el niño empezó el cole, ella se incorporó a la oficina y ya no podía ir al parque tan lejos ni llevar a los niños a tantas actividades.

Cuando su prima llamó para ver por qué no había pasado a por la niña para ir al parque, le dijo que había tenido una entrevista y que había aceptado un trabajo, por lo que ya no podía hacerse cargo tanto de su niña, pero que si se la llevaba allí (porque no vivían cerca) ella podría seguir llevándola a teatro y a música en la asociación.

Su prima entró en cólera. En el mismo momento le empezó a gritar que cómo podía hacerle eso a una niña pequeña, ofrecerle todo y luego dejarla tirada. Que era una desagradecida, después de haberle dejado todas las cosas cuando tuvo a su bebé…

Fátima se quedó petrificada, no sabía qué decir. Fue su marido quien, al escuchar los gritos desde el otro lado del salón, le quitó el teléfono a su mujer para explicarle unas cuantas cosas a la aprovechada de su prima. Le dijo que se había pasado 7 años ofreciendo de todo y no dando ni la hora y que llevaba un año entero aprovechándose de que Fátima es tan buena que parece tonta, que debería estar agradecida por haber pasado un verano entero desatendiendo a su hija mientras otra persona se comía el marrón y que no volviese a llamar.

Fátima lloró muchísimo y creyó que su tía le retiraría la palabra también. Pero nada más lejos de la realidad, al día siguiente su tía la llamó para pedirle perdón por lo que había aguantado. Ellos siempre habían querido un niño y desde que éste nació, pasan de su hija como si no existiera. Ahora sería la abuela la que empezaría a cuidar de la niña porque no se quede solita, pero para empezar a la que intenta poner verde es a Fátima, por “ofrecerle a una niña cosas que luego no cumple”.

Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.

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